Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 28 a. Semana – Ciclo C

“La gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: “Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se les dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación”. (Lc 11,29-32)

No se les dará más signo que el signo de Jonás

Puede que nos parezca extraño y sin embargo tiene mucho de realidad: Nos cuesta mucho creer en Dios. “Esta generación pide un signo, pero no se la dará más signo que el de Jonás”, que es el signo de la muerte y resurrección.
Dios necesita convencernos si es que quiere que creamos en él.
Dios tiene que justificarse para podamos creer en él.
Dios tiene que darnos razones para que creamos en él.
Dios tiene que darnos pruebas para que creamos en él.

Pero lo peor es:
Exigirle las pruebas que nosotros queremos.
No bastan las pruebas que él nos da cada día.
Esas como que no nos sirven.
Somos nosotros los que ponemos las condiciones.
“Le pedimos signos”.
Pero los signos que logren convencernos a nosotros.

Diera la impresión de que:
Creer es perder algo.
Creer es renunciar a algo.
Creer es sacrificar muchas cosas nuestras.
Algo así como si le hiciésemos un favor a Dios por creer.
Algo así como si Dios tuviese que pagarnos por creer.
No lo decimos, claro que no, porque creo que sentiríamos vergüenza.
Pero lo hacemos algo así como en secreto.
¿Quién no le ha exigido alguna vez a Dios razones y motivos para creer en El?
¿Quién no le ha exigido alguna vez “que nos haga signos, señales”?

Benedicto XVI repetía con cierta frecuencia: “Que Jesús no nos quita nada y nos lo da todo”.
No es Dios quien tiene que acreditarse delante de nosotros.
Seremos nosotros quienes tendríamos que acreditar nuestra fe en El.
No es Dios quien tiene que “hacernos signos”.
Seremos nosotros quienes tendríamos que hacer verdaderos signos de fe en El.
La fe no es quitarnos algo.
La fe es dárnoslo todo.
La fe no es doblegar nuestra inteligencia, como dicen algunos.
La fe es abrirle nuevos horizontes.
La fe no es algo que damos, sino un don que recibimos.

El verdadero signo de Dios es Jesús.
Es Jesús “Muerto y Resucitado”.
Son las “Llagas gloriosas del Resucitado”.
“No se le dará más signo que el signo de Jonás”.

El Papa Francisco nos recuerda que el verdadero signo pascual son sus Llagas. Llagas de crucificado y resucitado.
“El cristiano busca a Jesús, el cristiano sabe reconocer las llagas de Jesús”. “Jesús, al resucitar era bellísimo. No tenía en su cuerpo las marcas de los golpes, las heridas… nada. ¡Era más bello! Sólo quiso conservar las llagas y se las llevó al cielo. Las llagas de Jesús están aquí y están en el cielo ante el Padre. Nosotros curamos las llagas de Jesús aquí, y Él, desde el cielo, nos muestra sus llagas y nos dice a todos, a todos nosotros: «Te estoy esperando!».
Ese es el verdadero signo de Jesús también hoy en la Iglesia.

Nosotros tenemos que reconocer con sinceridad:
Que nuestra fe ha sido demasiado mercantilista.
Que nuestra piedad cristiano ha tenido demasiado de compraventa.
“Si me concedes esto, yo te prometo lo otro”.
Muchos de nuestros actos de piedad han estado cargados de condicionamientos.
Piedades que han tenido mucho de “seguridad social”.
Si rezamos tal oración nos aseguramos una buena suerte.
Si hacemos tal otra Novena garantizamos nuestra salvación.
Nos parecemos a los delfines que son muy simpáticos, pero egoístas.
Dan unas cuantas piruetas en el agua, pero inmediatamente se acercan a la orilla en busca de su sardina. Y así se pasan el día, dicen que divirtiéndonos de simpáticos, pero en realidad se aprovechan de nuestra diversión para ganarse su sardinita.

Y este tipo de piedad nos ha solevado insensiblemente:
A ser nosotros los que nos adelantamos a Dios.
A ser nosotros los que ganamos la benevolencia de Dios.
A ser nosotros los que le exigimos a Dios señales para creer en él.
¿Acaso no repetimos: “yo ya estoy perdiendo la fe, porque le oré y no me hizo caso?”

No le pidamos signos a Dios.
Sepamos ver las señales que cada día nos envía.
El mundo está poblado de señales de Dios.
Tomás dudó y luego creyó cuando pudo ver y tocar las Llagas de Jesús.
Aprendamos a verlas para que luego no necesitemos pedirle las que a nosotros nos convienen.

Clemente Sobrado cp.

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