Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 28 a. Semana – Ciclo C

“Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Si uno me niega ante los hombres, lo renegarán delante de los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme con el Espíritu Santo no se le perdonará”. (Lc 12,8-12)

¡Vivimos en un mundo de recomendaciones!
Siempre me ha repugnado “recomendar a nadie”.
Tristemente lo he hecho, aunque sin grandes éxitos.
Quien pide recomendaciones no tiene fe en sí mismo.
Y quien acepta recomendaciones vive de presiones.
Quien pide recomendaciones vive del prestigio de quien le recomienda.

Pues diera la impresión que hay un tipo de recomendaciones también en el Evangelio.
Pero son recomendaciones que tienen su razón de ser.
Ahí tenemos a alguien que nos puede echar una mano.
Y es nada menos que Jesús, el Hijo del hombre.
Con él a tu favor tienes la causa ganada.
Con él de tu parte el negocio está asegurado en el cielo.

Todo es cuestión de:
A favor de quién estamos.
A favor de quién damos la cara.
A favor de quién damos testimonio.
A favor de quién hablamos.
Si no nos avergonzamos de dar la cara por él en público.
Si no nos avergonzamos de dar testimonio de él ante los demás.
Si no nos avergonzamos de que se rían de nosotros por creer en él.
Si no nos avergonzamos de comportarnos como él nos pide aunque nos tengan por pasados de moda, por no ser modernos ni actuales.

Aquí podrán tenernos por raros.
Pero Jesús nos declarará como normales en el cielo.
Aquí podrán tenernos por anticuados.
Pero Jesús nos declarará como actuales en el cielo.
Aquí podrán tenernos por retrógrados.
Pero Jesús nos declarará de avanzada en el cielo.

A todos nos gusta ser actuales.
¿Pero entre los hombres que se creen modernos o en el cielo delante de Dios?
A todos nos gusta ser modernos.
¿Pero modernos ante quienes se creen actuales y son tan viejos como la vida que llevan, o a ser modernos delante de Dios?
Aunque los hombres me consideren viejo y anticuado, yo disfrutaré siendo nuevo delante de Dios.
Tú ¿por qué camino de vida escoges?

¿Y eso del Espíritu Santo no te resulta extraño?
¿Qué es eso de que todos los pecados se perdonan menos el pecado “contra el Espíritu Santo”?

Pecar contra el Espíritu es:
No creer que Dios es amor.
No creer en el amor de Dios.
No creer que Dios nos ama hasta el extremo.
No creer que somos “lo amados y predilectos de Dios”.
No creer que Dios ama, incluso a los malos.
No creer que Dios ama a todos.
No creer que Dios nos ama hasta perdonarnos.

Quien no cree en el amor, no cree en el perdón.
Quien no cree en el amor, no cree que pueda ser perdonado.
Por eso el pecado contra el Espíritu Santo es pecado contra el amor.
Y como no se cree en el amor, no se deja perdonar.
Y por eso, no es que no se le pueda perdonar el pecado, sino que no se deja perdonar.
Dios todo lo puede perdonar.

El Papa Francisco insiste en que “nadie puede poner límites al amor y al perdón”.
“La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona”. (Bula n.3)
Soy yo quien impido que me perdone, porque no acepto su amor.
Aunque seas el mayor pecador, cree que Dios te ama y serás perdonado.
Para que haya perdón se necesitan dos:
Alguien que perdona.
Alguien que se deja perdonar.
¿Has pecado? No dejes de amar.
¿Has pecado? No dejes de creer que el amor de Dios es más que tu pecado.

Clemente Sobrado cp.

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