Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 32 a. Semana – Ciclo C

Si tu hermano te ofende, ve y repréndelo a solas“Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces te vuelve a decir: “Lo siento”, lo perdonarás”. (Lc 17,1-6)

En el Evangelio hay palabras que pueden parecer extrañas y sin embargo, son de lo más bello: corrígele, repréndelo, perdónalo.
No me cansaré de repetir la frase del Papa Francisco: “Dios no se cansa de perdonar”. “No os canséis de perdonar”.
“La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado, y nadie podrá poner límite al amor de Dios que perdona”. ( Bula n 3)
“Perdonar” algo que a nosotros nos suele parecer cuesta arriba.
“Cuesta arriba” por lo difícil.
Y sin embargo es “cuesta arriba” porque nos hace subir, nos hace crecer.

Somos humanos y nadie está libre de ofender al hermano.
Y sentirse ofendido despierta en nosotros resentimientos.
Y sin embargo es una realidad frecuente.
Unas veces sin querer.
Otras queriéndolo y maliciosamente.
Y es entonces cuando se mide la calidad del corazón.

Nuestra primera reacción debiera ser:
No la de resentirnos, sino la de sentir pena por el que me ofende.
No la de enfadarnos, sino de despertar compasión.
Por eso lo primero no será responder ofensa con ofensa.
Sino el sentimiento de compasión expresado en la “corrección”.
Corregir es “hacer de médico”.
Corregir es tratar de “sanar”.
Porque corregir, reprender con comprensión es ver enfermo el corazón del hermano y tratar de curarlo.

Corregir es ayudarle a despertar en él sentimientos de arrepentimiento.
Y quien se arrepiente ya comienza a sanar el corazón.
No se trata de crear sentimientos de morbosa culpabilidad.
Se trata de crear sentimiento de sentirse mal y comenzar a sentirse bien.
Lo dice Jesús: “Si tu hermano te ofende; repréndelo”.
Si se “arrepiente”, no dice “castígalo” sino “perdónalo”.

Dicen que Dios escribe derecho con líneas torcidas.
También nosotros podemos escribir derecho con líneas torcidas.
Una ofensa no pareciera el mejor camino para ayudar al hermano.
Y sin embargo es motivo de corrección y de arrepentimiento.
Pero también es ocasión de ejercer nosotros el “perdón”.
El pecado es la ocasión para que Dios revele su amor y su perdón.
La ofensa de mi hermano es también la oportunidad para que él purifique su corazón, y oportunidad para que nosotros revelemos la capacidad de amar de nuestro corazón, perdonando.

Y el perdón, tal y como Dios lo quiere:
No puede ser un perdón tacaño sino generoso.
No puede ser un perdón contabilizado.
Sino la actitud diaria y de siempre.
Si te ofende “siete veces en un día”, perdónale otras tantas.

El perdón tiene tres momentos igualmente importantes:
“La corrección”. Poner luz en su conciencia.
“Lo siento”, toma de conciencia de haber fallado.
“Te perdono”, despertar nuestro amor y hacerle sentir que, a pesar de todo, le seguimos amando.

Bella pedagogía de Dios:
La ofensa revela el corazón del que ofende.
La ofensa revela la bondad del ofendido.
La ofensa es motivo de arrepentimiento de que ofende.
La ofensa debiera ser motivo:
de ejercitar nuestra comprensión,
nuestro interés por el otro,
y nuestra capacidad de amar.

Uno oraba a Dios: “Señor dame la gracia de no poder pecar”.
Y Dios le respondió: “No puedo, porque no tendría como manifestar mi amor”.

Clemente Sobrado cp.

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