Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jesucristo Rey del Universo

“Las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo:”A otros ha salvado; que se salve a si mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: “Si eres rey de los judíos, sálvate a ti mismo…Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”. (Lc 23,35-43)

Cristo Rey

Celebramos hoy dos acontecimientos.
Por una parte hoy la festividad de Jesucristo Rey del universo.
Por otra parte, la clausura del Jubileo de la Misericordia:

“El Año jubilar se concluirá en la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de noviembre de 2016. En ese día, cerrando la Puerta Santa, tendremos ante todo sentimientos de gratitud y de reconocimiento hacia la Santísima Trinidad por habernos concedido un tiempo extraordinario de gracia.
Encomendaremos la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos a la Señoría de Cristo, esperando que derrame su misericordia como el rocío de la mañana para una fecunda historia, todavía por construir con el compromiso de todos en el próximo futuro.
¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios!
A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros”. (Papa Francisco: Bula n 5)

La liturgia le aplica nada menos que una parte del relato de la Pasión.
Un diálogo destructor.
Hay muchas maneras de destruir a los otros.
Tal vez la burla sea una de esas maneras de destruir a los demás.
Burlarse es rebajarle como persona.
Burlarse es destruir la propia dignidad.
Burlarse es desdibujar la propia personalidad.
Burlarse es desdibujar la propia identidad.
Burlarse es decirle alguien eres un mentiroso.
Burlarse es decirle a alguien que no es lo que dice ser.
Burlarse es borrar en alguien su propio ser, su propia dignidad.

Jesús termina como comenzó.
El proceso es el mismo:
Demostrando que es hijo de Dios.
Es la lucha interior entre demostrar que sí es, pero siendo infiel a lo que es.
Es la lucha interior entre negarse a sí mismo, pero demostrando la fidelidad a si mismo.
Es la humillación de los hombres diciendo que no eres.
Es la humillación delante los hombres, pero obedeciendo al Padre.
Al comienzo se daba la misma lógica:
Si eres hijo de Dios convierte las piedras en panes.
Si eres hijo de Dios échate abajo.

Mala es la cárcel. Pero peor es la cárcel del desprecio.
Mala es la muerte ¿pero no será peor morir como una mentira en el corazón de los demás?
¿Será por eso que todos buscamos tener una buena reputación ante los demás?
¿No será por eso que todos buscamos nos tengan por auténticos?
¿No será por eso que todos vivimos una especie de muerte cuando ya nadie cree en nosotros?
Y Jesús, antes de morir en la cruz muere en el corazón de todos:
En el corazón de la gente.
En el corazón de los soldados.
En el corazón de las autoridades.
En el corazón del ladrón.

Señor, tú subes a la cruz ya muerto en los corazones.
Señor, antes que en ti, ya estás muerto en el corazón de todos.

Malo es que a uno le maten en los brazos de la cruz.
¡Qué malo y humillante es que alguien te mate en su mente!
¡Qué malo y humillante es que alguien te mate en tu estima!
¡Qué malo y humillante es que alguien te mate en su corazón!
Y esta es la que todos realizamos en Jesús.
Un rey que entró en el mundo “rebajándose a sí mismo”.
Un rey que le ponen fin a su vida, y los jefes religiosos no creyéndole en su identidad.

Señor, dame el coraje de aceptar la humillación de los que no creen en mí.
Señor, gracias por los que no creen en mi vocación.
Señor, gracias por aquellos que no creen en mi celibato.
Señor, gracias por aquellos que no creen en mi verdad.
Porque así mi realeza se parecerá más a la tuya.
Ambos expresando la misericordia divina a todos.

¡Qué bien expresa el Papa Francisco esa realeza de Jesús!
“El deseo de que los años por venir estén impregnados de misericordia, para poder ir al encuentro de cada persona, llevando la bondad y la ternura de Dios”.
¿Qué otra cosa es la Cruz y la muerte como crucificado que la misericordia divina frente a la dureza del corazón humano?
“El bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros”.

Clemente Sobrado cp.

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