Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 34 a. Semana – Ciclo C

“Algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús dijo: Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: Todo será destruido”. (Lc 21,5-11)

“Hoy el Evangelio comienza con una llamada a mirar al interior, a lo profundo, más allá de lo que se ve: «En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: “Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.”
El principito de Antoine de Saint-Exupery decía: «Lo esencial es invisible a los ojos». Jesús critica la mirada superficial. No le parece mal que alaben la belleza del templo, lo que critica es que miran la belleza por fuera. Jesús dice que eso pasará, que se destruirá. Que esa belleza no tiene importancia porque pasa, es caduca.
La verdadera belleza del templo no se ve, está escondida, como todo lo importante. Jesús nos llama a mirar dentro, a ver la belleza detrás de lo gris, la esperanza detrás de lo feo. La belleza escondida en el corazón, en el nuestro y en el de los otros.
Las obras de los hombres pasan y mueren, acaban siendo olvidadas cuando ellos ya no están. Aunque sean grandes templos y catedrales construidas a lo largo de muchos años. Obras magníficas con fecha de caducidad”. (Papa Francisco hablando a los jóvenes)

Hace un mes, los periódicos anunciaban los millones que se había gastado en cremas y perfumes.
Confieso que me gustan las colonias.
¿Habrá gastado algo Jesús en perfumes, colonias y cremas?
La verdad que no lo creo.
Jesús no vivía de apariencias.
Jesús no vivía de exterioridades.

Jesús es consciente de los valores que viven sus mismos discípulos.
No viven de lo de dentro del templo.
No viven desde la esencia y de la verdad del templo.
Sino que también ellos viven de las exterioridades.
Viven cautivos de las exterioridades del templo.
Vivir de lo de fuera es vivir de lo secundario.
Y lo exterior y secundario está condenado de desaparecer.
Lo que permanece es lo que llevamos dentro.
Por eso no somos sino que aparentamos.
Hay Iglesias con mucha luz por fuera.
Pero con poca luz por dentro.
Hay Iglesias que brillan por fuera.
Pero oscuras por dentro.

Hay Iglesias muy bellas exteriormente.
Pero con poca vida por dentro.
Hay hogares muy bellos por fuera.
Pero muy fríos por dentro.
Hay hogares espectaculares por fuera.
Pero sin calor humano por dentro.
Hay casas muy bonitas por fuera.
Pero sin vida por dentro.

Atrévete a ser tú mismo
Vivirse por dentro es vivir la belleza de la propia vida. Me duele leer lo que escribe Martín Descalzo, por más que diga una gran verdad:
“Es asombroso pensar que Dios fabrica las almas una a una, dándole a cada cual una personalidad propiamente suya e intransferible y que, a la vuelta de unos pocos años, el mundo ha conseguido ya uniformar a la mayoría, de modo que parezcamos más una serie de borregos que una comunidad de hermanos, todos diferentes.” (J.L.M. Descalzo)

Por el contrario, me encantan esos que se atreven a ser ellos mimos. Y mi mejor deseo para ti hoy, es que demuestres qué eres y cómo eres, pero por dentro.

  • Sí, demuéstrate a ti mismo que tú eres importante. No esperes a que lo digan los demás. Sería como si te hablasen de descubrimientos de riquezas muy lejanas a ti. Tú eres el mejor explorador de ti mismo.
  • Demuéstrate a ti mismo que sabes valorarte, que sabes apreciarte, que sabes mirarte. ¿No crees que te estás devaluando demasiado de tanto cuidarte por fuera? ¿Crees que los otros valen más que tú? Para quien murió por ti, parece que tú vales lo mismo que todo el mundo.
  • Demuéstrale a Dios que bien valió la pena regalarte la vida. Porque cada día la aprecias más, la valoras más y la haces florecer más. El mejor agradecimiento que le puedes hacer a Dios por la vida es vivirla a gusto y con gusto.
  • Demuéstrale a Dios que bien valió la pena que se encarnase y se hiciese hombre por ti. Porque desde entonces, tú mismo sabes valorar tu condición humana y la condición humana de los demás. Que tú amas mucho el cielo, pero a la vez estás enamorado de la humanidad.
  • Demuéstrale a Dios que bien valió la pena que muriese por ti. Porque desde entonces crees más en el amor de Dios, aún en medio de tus flaquezas y debilidades sigues fiándote de El. Y desde entonces, cada hombre que se te cruza en el camino, te merece el respeto mismo que te merece su muerte en la Cruz.

Clemente Sobrado cp.

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