Bocadillos Espirituales para vivir el Adviento: Jueves de la 1 a. Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “No todo el que me dice: “¡Señor, Señor!” entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca”. (Mt 7,21.24-27)

En una de mis vacaciones a mi tierra, todavía no existía la autopista.
En el Alto de Piedrafita había una niebla que no se veía.
Nos dimos cuenta de que una muchacha estaba llorando.
Se había extraviado. No sabía dónde estaría su compañero, porque tampoco ella sabía dónde estaba. Tratamos de ayudarla y situarla.
Todo caminante corre ese riesgo. Equivocarse de camino.

Jesús es consciente de dos cosas:
La primera, que es fácil equivocarse en la verdadera experiencia del Evangelio.
La segunda, que aceptar el Evangelio en la vida no es fácil.
Y por tanto, el que quiera ser cristiano tiene que construir sobre roca.

No basta “Señor, Señor”.
Es frecuente hacer de nuestra fe un repetir constantemente “Señor, Señor”.
Con el peligro de reducir nuestra espiritualidad en palabras.
Incluso si estas palabras se llamen oración.
Incluso si estas palabras las entendemos como experiencia de fe:
Como verdadera expresión de Evangelio.
Como verdadera santidad.
Como un sentirnos más que los demás.
Como un sentirnos buenos de verdad.

La invocación del nombre de Jesús será siempre algo bueno.
Será un momento de intimidad.
Pero no es suficiente.
El Evangelio es hablar con Dios.
Pero el Evangelio es sobre todo “hacer la voluntad de Dios”.
No basta hacer de la oración, palabra.
Es preciso hacerlo palabra vida.
Por eso, el hacer y el contemplar no se contradicen.
El contemplar es bueno, pero tiene que hacerse compromiso, acción.
Orar es bueno y necesario.
Pero no lo es todo.
Se nos preguntará cuánto hemos orado.
Pero también qué hemos hecho.
Oración sin acción o compromiso, igual que compromiso sin oración, es barca de un solo remo.

Se necesita construir sobre roca.
Por eso entrar en el Reino de los Cielos no es nada fácil.
Es comprometernos con su construcción.
Es comprometernos con la actividad del mismo Jesús.
Es comprometernos con el hacer de Jesús hasta el final.

Es fácil empezar.
Es fácil bautizarse y celebrar una fiesta.
Lo difícil es seguir viviendo como bautizado con todas sus consecuencias.
Es fácil casarse y hacer una tremendo fiestón.
Lo difícil es luego seguir viviendo como esposos y padres
Es fácil ordenarse de sacerdote y hacer fiesta.
Lo difícil es vivir luego como sacerdote en fidelidad.

Por eso Jesús nos pide:
Que construyamos no sobre la arena de la superficialidad.
No sobre la arena del sentimentalismo.
No sobre la arena del ilusionismo.
Sino sobre la roca de la Palabra de Dios.
Sobre la roca del Evangelio.

¿No tendremos que tomar más en serio este texto?
¿Con qué seriedad y firmeza bautizamos, casamos, ordenamos?
¿No llamó a Pedro “piedra” sobre la que se construye la Iglesia?
¿Sobre qué piedra nos sentimos apoyar para ser Iglesia?
¿Sobre qué piedra nos sentimos apoyar para sentirnos verdadero Pueblo de Dios?
Estemos atentos.
No nos llevemos algún fracaso cuando menos lo pensamos.

Clemente Sobrado cp .

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