Bocadillos Espirituales para vivir el Adviento: Sábado de la 1 a. Semana – Ciclo A

“Al ver a las gentes se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, “como ovejas que no tienen pastor” (Mt 9,15-10,1.6-8)

José Luis Martín Descalzo cuenta el apuro que se llevó cuando una noche, estando en Roma, recibió una llamada. Alguien le había recomendado ponerse con contacto con él. El susto fue cuando el que buscaba sus servicios para que le enseñase el Vaticano, le dice que era ciego. ¿Cómo le explico yo a un ciego lo que es el Vaticano? Aceptó el reto y se quedó admirado de cómo el ciego entendía las cosas.

Donde quiera que Jesús se encontrase siempre aparecía el sufrimiento.
Y el caso es que, por donde pasase siempre era capaz de ver a los que sufrían.
A Jesús pudiéramos llamarle “el que ve”, “el que siente”.
Ver la realidad de la gente.
Ver a la gente que sufre.
Ver a la gente que tiene hambre.
Ver a la gente abandonada.
Nunca camina ni nunca se sitúa de una manera indiferente.

Y resulta curioso las veces que el Evangelio dice:
“Se compadeció de ellos”.
“Sintió lástima”.
Es decir, en el corazón de Jesús brotaban dos sentimientos:
De preocupación.
De compasión.
Nadie le resultaba indiferente.
Vivía la enfermedad del corazón ver y compadecerse de los que sufren.

Y su experiencia fue más bien dolorosa.
“Estaban extenuadas y abandonadas “como ovejas que no tienen pastor”.
Pastores en el lenguaje bíblico son los jefes, las autoridades.
En este caso de Jesús eran los sacerdotes, los letrados.
Y lo que Jesús ve es un triste espectáculo:
La gente vive como si no tuviese pastores que la guíe.
La gente vive desamparada de sus pastores.
La gente sencilla que es la que suele andar en torno a Jesús, vive abandonada.
Sus pastores están demasiado metidos en el templo.
Pero la gente sencilla no les quita el sueño.
Sus pastores están demasiado metidos con la Ley.
Pero indiferentes a cómo vive la gente.

Por eso, Jesús se siente tocado por la suerte de la gente.
La condición de la gente le hace latir el corazón.
La condición de la gente le hiere por dentro.
Ver que nadie se preocupa de la gente le hace sufrir.
Está muy bien el culto.
Pero un culto que se olvida de la gente le dice poco a Dios.

Y es ahí que Jesús les pide a los discípulos:
Pidan al Padre, envíe muchos pastores, porque son muchos los abandonados.
Pidan al Padre, envíe pastores que se comprometan a fondo de la gente.
Pidan al Padre, envíe pastores que se consagren a aquellos que andan sin rumbo por la vida.

Resulta bello y hermoso un Evangelio:
Donde Jesús se siente herido en su corazón por la condición de la gente.
Donde Jesús se siente tocado por la vida de los débiles.
Donde Jesús hace suya la causa de los que nadie se preocupa.

¿No te dice nada un Jesús que ordena a los suyos:
Curad enfermos.
Resucitad muertos.
Limpiad leprosos.
Echad demonios.
“Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”?

Esa es la misión de la Iglesia.
Esa es la misión del creyente.
Esa es tu misión.
Y un reto por delante: ¿Dónde estamos? ¿Estamos donde Jesús quiere que estemos?
¿Cuánta gente anda hoy también descarriada?
¿Cuánta gente anda hoy sin pastores que la guíen.
¿Dónde están los pastores?

Clemente Sobrado cp.

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