Bocadillos espirituales para vivir el Adviento: Miércoles de la 2 a. Semana – Ciclo A

“Exclamó Jesús: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. (Mt 11, 28-30)

Vivimos en una época en la que está de modo el “estrés”.
Incluso la llaman la enfermedad de los ricos.
Bueno, yo no voy a entrar en discusiones de si el estrés es enfermedad de ricos o pobres.

La verdad es:
Que hoy todos vivimos demasiados estrujados.
Que hoy todos vivimos apresados.
Que hoy nadie tiene tiempo para sí mismo.
El marido llega a casa y no tiene humor para atender a su esposa ni a sus hijos.
Y por eso, en la familia hay demasiadas tensiones.
Decimos que no podemos dormir.
Decimos que no tenemos tiempo para nosotros mismos.

Esta es ciertamente una realidad.
¿Y qué hacemos?
Díganme la cantidad de pastillas que consumimos cada día.
Todos buscamos un poco de tranquilidad artificialmente.
Y yo mismo me incluso en esta cofradía de los “pastilleros”.
Pastillas para dormir.
Pastillas para controlar nuestro humor.
Pastillas para poder trabajar.

Vivimos cansados y es lógico:
Porque vivimos esclavos del hacer.
Porque vivimos esclavos de las preocupaciones.
Porque vivimos esclavos de los horarios.

Pero, todos nos refugiamos en el “pastillero”.
Cuando en realidad, nuestro cansancio, a parte del trabajo, es un cansancio de estar fuera de nosotros mismos.
El cansancio es un estado de ánimo.
Y por tanto el cansancio no es solo físico.
Es mucho más espiritual y psicológico.

¿Buscamos el descanso en esa experiencia psicológica de la paz de nuestro espíritu?
¿Buscamos el descanso y la serenidad interior en el encuentro con el Señor?
¿No preferimos irnos a tomar unos tragos, a regalarnos un tiempo de encuentro con el Señor?
¿Hemos hecho la experiencia de un tiempo diario de silencio y de encuentro con nosotros mismos en un encuentro con Jesús?
Unos momentos de encuentro con Jesús dejando que su amor serene nuestro espíritu.
Jesús quiere ser para nosotros descanso.
Jesús quiere ser para nosotros alivio de nuestro cansancio.

Encontrarnos con El.
Entrar en comunión con El.
Compartir sus sentimientos.
Estar a solas un tiempo cada día.

Reconozco el servicio que nos brinda los psicólogos.
Pero eso es relajamiento artificial.
Cada uno de nosotros pudiéramos relajarnos con unos quince o treinta minutos de silencio diarios escuchándole, incluso sin necesidad de hablarle.
La comunión con los sentimientos de Jesús puede ser la mejor terapia para serenar nuestro espíritu y sentirnos desahogados.
Haz la prueba de unos minutos de escucha de Jesús y verás que la paz comienza a inundar tu corazón. Haz la prueba.

Clemente Sobrado cp.

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