Bocadillos espirituales para vivir el Adviento: Viernes de la 2 a. Semana – Ciclo A

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“Porque vino Juan, que ni comía ni bebía y dicen: “Tiene un demonio”. Vino el Hijo del hombre que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”. Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios”.
(Mt 11, 16-19)

Señor, te la sabes todas.
¡Qué bien conoces el corazón humano!
¡Qué bien nos conoces!

Es difícil complacer a todos.
Siempre le buscamos reparos a todo:
Si soy serio me tienen por amargado.
Si soy alegre y me río feliz, son un superficial.
Si amo a mi mujer y trato de dedicarle tiempo, son un “saco largo”.
Si prefiero quedarme con los amigos, tengo abandonada a mi esposa.
Si trabajo mucho, soy un burro de carga.
Si no trabajo, soy un vago.
Si voy mucho a la Iglesia, soy un beato.
Si no piso la Iglesia, son un ateo.
Si obedezco a los superiores, estoy falto de personalidad.
Si no obedezco, soy un rebelde.

¡Qué difícil es acertar cuando uno vive dependiente de lo que dicen los demás!
Juan era un hombre austero, “no comía ni bebía”.
“Tenía un demonio”.
Ahora Jesús “come y bebe”.
“Es un borracho y comilón”.
Total, que no acertamos.

La gente tiene que hablar de todo.
Y la gente tiene que calificar a todos.
Pero dejándolos siempre mal.
¡Qué difícil es aceptar a la gente como es!
Diera la impresión de que la murmuración llena nuestra mente y nuestro corazón.

Somos lo que somos.
Y el único juez de nuestras vidas es el Señor.
Lo único que nos da la razón es la “sabiduría de Dios”.
No podemos pasarnos la vida pendientes de lo que dicen de nosotros.
No podemos pasarnos la vida preguntándonos que piensan los demás.
Mi única verdad es lo que Dios sabe y piensa de mí.
Aunque los demás me critiquen y murmuren de mí.
Mi verdad no depende de lo que piensan los otros.
Mi verdad no depende de lo que dicen los demás.
Mi verdad no depende de lo que murmuran los demás.

Juan no cambió de vida, a pesar de lo que decían de él.
Siguió viviendo el estilo de vida que Dios le inspiró.
Tampoco Jesús cambio de actitudes y comportamientos.
Siguió comiendo y bebiendo.
Siguió comiendo en casa de pecadores.
Por más que sus enemigos lo tuviesen siempre en su punto de mira.
Por más que sus enemigos le criticasen.

No soy mejor por el hecho de que los demás no acepten mis comportamientos.
No soy mejor por el hecho de que los demás murmuren de mí.
Mi único criterio:
No es el criterio de los demás.
No es la vida de los demás.
Sino el criterio de la sabiduría divina.
El criterio de mi propia conciencia.
El criterio del Evangelio.

No juzguemos a nadie.
No pensemos mal de los otros,
Y si algo malo vemos en los demás, ayudémosles fraternalmente con la corrección.
La chismografía y murmuración hasta ahora no ha hecho a nadie santo.
La corrección fraterna es posible nos haya ayudado a ser mejores.

Señor: muéstrame tú cómo soy y hazme como quieres que sea.

Clemente Sobrado cp.

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