Bocadillos Espirituales para vivir el Adviento: Domingo 3 – Ciclo A

“Juan que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por de sus discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Jesús les respondió: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo; los ciegos ven, los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandaliza de mí!” (Mt 11,2-11)

Vivir en el desierto no resulta fácil.
Pero vivir en la cárcel no es mejor.
Los grandes hombres no siempre terminan con grandes triunfalismos.
Tener el coraje y la valentía de decir la verdad siempre tiene su precio.
Enfrentarse con los grandes tiene su precio.
Juan que brilló en el desierto, termina en la oscuridad de una cárcel.

Los caminos de la fe no son tan simples como pensamos.
La fe es luz que alumbra nuestras vidas.
Pero la fe no siempre alumbra.
No siempre es sol brilla desde el cielo.
Hay días que se presenta nublado y no lo vemos.

Es el problema de Juan.
La cárcel se presta a momentos de oscuridad, silencio y abandono.
Y esta oscuridad se presta también a favorecer las oscuridades de la fe.

Dos situaciones: de duda y oscuridad.
Juan ha reconocido a Jesús como el Cordero que “quita el pecado del mundo”.
Y ahora le llegan noticias del mundo en el que Jesús se está moviendo.
No se parece al cordero que quita el pecado.
¿Se habrá equivocado?
¿Será realmente Jesús el Mesías que él anunció?

Por otra parte, él ha dado su vida por Jesús.
¿Y qué hace ahora Jesús por él?
Lo deja abandonado en la cárcel.
No mueve un dedo por él.
Pareciera olvidarlo.

Es duro darlo todo por alguien.
Y luego sentir que nadie se preocupa por él.
Es duro sentirse encerrado en la cárcel.
Pero más dura es la experiencia de que, quien puede, no mueve un dedo por él.
Juan no solo se siente encarcelado con el peligro de muerte encima.
Juan se siente abandonado.
Y abandonado por aquel por quien él más ha hecho.

¿No es esta también, con frecuencia, nuestra realidad?
Nos sentimos buenos, y experimentamos que todo nos sale mal.
¿Dónde está Dios?
Nos sentimos buenos, y no experimentamos que Dios haga algo por nosotros.
¿Dónde está Dios?
Sentimos que hemos hecho todo lo posible, pero Dios calla.
¿Dónde está Dios?
Y que ahora nadie hace nada por nosotros, como si no le interesásemos.
¿Dónde está Dios?
Hemos orado.
Pero no sentimos la respuesta.
¿Dónde está Dios?

Es uno de los peores momentos de nuestra fe.
Por una parte, tratamos de serle fieles.
Pero luego, cuando lo necesitamos, no da cara por nosotros.
Y esto despierta en muchos:
Muchas dudas.
Muchas interrogantes.
Incluso muchas indecisiones.
Hasta tentación de abandonar la fe.
También nuestra fe tiene mucho de oscuridad de la cárcel, que es el silencio de Dios.

Clemente Sobrado cp.

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