Bocadillos espirituales para vivir la Navidad: San Esteban

San EstebanEscucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

“Dijo Jesús a sus apóstoles: “No os fiéis de la gente, porque os entregarán a las sinagogas, os harán comparecer ante gobernantes y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles”. (Mt 10,17-22)

No resulta fácil, pasar del pesebre al martirio del primer testigo de Jesús.
Pareciera que vida y muerte caminan paralelas.
Mientras seguimos oliendo a heno del pesebre, participamos de la muerte a pedradas del martirio de Esteban.

Con frecuencia los extremos se tocan.
Con frecuencia vida y muerte parecen caminar de la mano.
Con frecuencia las alegrías se dan cita con las tristezas.

Sin embargo, queriendo leer en clave navideña el martirio de Esteban, yo pensaría:
Creer en ese Niño es la razón del martirio de Esteban.
Confesar a este Niño es la causa del martirio de Esteban.
¿No será como una manera de configurarnos con ese Niño que, de tan pequeño es también amenazado de muerte?

Esteban será testigo del Crucificado y Resucitado.
Pero esta crucifixión comenzó ya desde recién nacido.
También el Niño Jesús experimentará el riesgo de la muerte desde su nacimiento.
Tendrá que huir de Herodes que buscaba matarle.
Esteban será testigo del Crucificado y Resucitado.
Pero otros niños serán testigos del que acaba de nacer y está camino del desierto.

¿Por qué será que la fe cristiana molesta tanto?
¿Por qué será que un Dios encarnado resulta tan peligroso para los hombres?
¿Por qué la confesión del crucificado y resucitado crea tantos resentimientos?

La muerte de Esteban no es una novedad.
Jesús lo había anunciado a tiempo.
“No os fiéis de la gente, porque os entregarán a las sinagogas, os harán comparecer ante los gobernantes y reyes, por mi causa”.
Estorbaba Jesús a los gobernantes.
Estorban también sus seguidores.
Estorba un niño recién nacido.
Estorban quienes ya maduros le siguen.

Es sorprendente que un recién nacido haga temblar el sillón de los poderosos.
Es igualmente sorprendente que quienes siguen a un Crucificado-Resucitado haga tambalear la seguridad de una religión.
¿Será que, en el fondo, tenemos miedo a Dios?
¿Será que en el fondo, tenemos miedo al fermento del Evangelio?
¿Será que, en el fondo, tenemos miedo a la fuerza transformadora de la fe cristiana?
¿Será que, en el fondo, tenemos miedo a lo nuevo?
¿Será que, en el fondo, vivimos demasiado arraigados a lo viejo?

Resulta llamativo celebrar el martirio del primer cristiano, precisamente al día siguiente de la Navidad.
Pero ¿no será el símbolo de que ese Niño, tiritando de frío en el pesebre, ya es el comienzo y el anuncio de un mundo diferente que no queremos aceptar?

Seguir a Jesús es correr la suerte de Jesús.
Lo dijo más tarde El mismo: “El que quiera seguirme, tome su cruz y sígame”
Un cristiano, fiel a su fe, es siempre un riesgo:
Para los poderosos.
Para los que no aceptan cambio alguno.
Para los que no se arriesgan a lo nuevo.

Un cristiano, que vive su fe y sigue de verdad a Jesús, es una semilla que pone en peligro de nuestras seguridades.

Clemente Sobrado cp.

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