Bocadillos espirituales para vivir la Navidad: Martes después de la Octava de Navidad

“Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, que existía antes que yo”. (Jn 1,29-34)

El hombre que vio. “Yo lo he visto”.
Lo había anunciado, sin conocerle.
Hoy lo señalo porque ya “lo he visto”.
“Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Anunciamos y predicamos a Jesús.
Pero, ¿anunciamos lo que nos han dicho de El?
¿Anunciamos lo que hemos aprendido de El?
¿O anunciamos lo que nosotros mismos hemos visto?
¿Hablamos de memoria sobre El?
¿O hablamos porque lo hemos visto?

¿Recuerdan aquello de la Samaritana que se fue al pueblo proclamando que se había encontrado con el Mesías?
Anunciaba lo que había visto.
Pero luego le responden: “Ahora creemos no por lo que nos has dicho sino porque nosotros mismos lo hemos visto”.

El primer paso es que quien anuncia a Jesús le haya visto.
Pero el segundo paso será que también “los demás lo vean”.
Para conoce a Jesús:
No basta saberle de memoria.
Para conocer a Jesús es preciso verlo.
Para conocer a Jesús es preciso experimentarlo.
Jesús no es una idea sino una persona.
Jesús no es una doctrina sino una experiencia.

Juan comenzó por hablar de Jesús porque había recibido el mandato de preparar sus caminos.
Pero hablaba de alguien que tampoco él conocía.
“Yo no lo conocía”.
Por eso él solo bautiza con “agua”.
Fue preciso que también él diese el siguiente paso.
Ahora lo “ve venir hacia él”.
“Vio bajar sobre El al Espíritu Santo”.
Solo después de verlo puede decir: “Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.

Solo podemos hablar creíblemente de Jesús después de haberle visto.
Solo podemos hablar creíblemente de Jesús después de haberle contemplado.
Solo podemos hablar creíblemente de Jesús después de haberle experimentado.

Pienso que uno de los fallos de la Iglesia es comenzar por enseñar a los niños cosas de Jesús. Ese es el catecismo.
Nuestros niños y jóvenes saben mucho de Jesús hasta sacan sobresaliente en los exámenes.
Pero no les hemos enseñado a “ver y experimentar” primero a Jesús.
Podemos ser doctores en teología y no haber visto nunca a Jesús.
Anunciamos teologías, pero no anunciamos experiencias.
Anunciamos teologías, pero a El nunca lo hemos visto.
Lo que gana nuestros corazones es la persona de Jesús.
Lo que nos atrae de El es haberlo visto, sentido y experimentado.

Necesitamos tiempo para estudiar.
Pero también necesitamos tiempo para ver y contemplar.
Necesitamos predicar ideas sobre Jesús.
Pero también necesitamos hablar de nuestra experiencia de El.
Y eso solo lo lograremos si primero nos hablan de El y de su persona antes de lo que él enseñó.
Más creemos al que vio que al que sabe.
Más creemos al que puede dar testimonio que el que conoce mucho.
Nuestra mejor tarjeta de credibilidad será siempre “Yo lo he visto”.

Clemente Sobrado cp.

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