Bocadillos espirituales para vivir la Navidad: Miércoles después de la Octava de Navidad

“Estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: “Este es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús, se volvió y, al ver que lo reseguían les pregunta: “¿Qué buscáis?” (Jn 1, 35-42)

Alguien siempre tiene que ver primero.
Alguien siempre tiene que ir por delante.
Alguien siempre tiene que apuntar con el dedo.
Todo comienza por alguien que ve antes que los demás.
Todo comienza por alguien que abre caminos.
Todo comienza por alguien que avisa a los demás.

Las grandes aventuras siempre comienzan por alguien que se atrevió primero.
Las grandes aventuras siempre comienzan por alguien que dice que es posible.
Las grandes aventuras siempre comienzan por alguien que dice “se puede”.
¿Quién fue el primer loco que se atrevió a escalar el Everest?
¿Quién fue el primer loco que creyó que el hombre podía volar en avión?
Mientras unos seguían aferrados a su carreta de bueyes, otros comenzaron a cruzar los cielos en avión?
Pienso en el primero que se le ocurrió que se podía volar en “parapente”.
Y ahora vemos el cielo hombres volando que parecen bandada de pájaros.
Siempre tiene que haber un primero.
Luego, el resto todo lo ve fácil.

Juan fue el primero que “fijándose en Jesús que pasaba, dice: “Este es el Cordero de Dios”.
Luego, comienza toda esa fila de los que siguen a Jesús:
Primero son fueron los dos discípulos de Juan.
Primero fue Andrés.
Luego fue Andrés que lo anuncia a su hermano Simón.
Luego es Simón el que también siente la curiosidad de la novedad mesiánica.

PASIONISTAS EN LA AMAZONÍAEste año 2013, los Pasionistas cumplimos cien años de presencia en el Perú.
Primero fueron doce que aquella víspera de Navidad del año 2012 salieron rumbo a la selva del Perú.
No tenía ni pizca de idea de lo que podía ser la selva.
No tenía de pizca de idea de lo que podían ser los nativos de las tribus.
Toda una aventura hacia lo desconocido.
Desde entonces, centenares de Misioneros Pasionistas han entregado sus vidas al servicio de los nativos de la selva y allí siguen.
Alguien tiene que abrir caminos para que otros puedan andarlos.

Todo comienza con dos células microscópicas.
Y luego nace el hombre y la mujer.
Pero alguien tiene que ver y señalar primero.
Antes, alguien tiene que anunciar a Jesús para que otros se pongan en su camino.

Todos tenemos la idea de un Juan adusto y medio salvaje en el desierto.
Y sin embargo desde niño me quedó grabada la imagen de Juan que presidía el altar mayor de mi aldea. Lo único que me quedó de él fue el dedo que señalaba al “Cordero”.

Todos necesitamos de un Juan que nos señale con el dedo el camino.
Mi Juan fue el párroco de mi pueblo que un día, sin mediar más palabras, me señala con el dedo y me dice: “Tú vales para religioso”.
El fue mi Juan y ahí comenzó mi camino hasta hoy.

El resto lo hace Jesús: “¿Qué buscáis?” “Venid y veréis”.
Hasta entonces sólo Juan veía.
Ahora son invitados ellos a ver y pasarse el día con El.
Primero fue la curiosidad: “¿Dónde vives?”
Y luego fue la experiencia y el sentirse tocados por El.
Y luego será el resto el que se siente tocado por ellos.
Es la cadena de la vida.
Es la cadena de la fe.
Es la cadena del seguimiento.
Es la cadena del Evangelio viajando por el mundo.
Es el anuncio de Dios que va tocando corazones.

Sé de los que ve primero, para otros vean.
Sé de los van por delante, para que otros puedan ir.
Sé de los creen primero, para que otros crean.
Sé de los que se deciden primero, para que otros se animen.

Clemente Sobrado cp.

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