Bocadillos espirituales para vivir la Navidad: Viernes después de la Octava de Navidad

“Después de mí viene el que es más fuerte que yo, y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias.
Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo”. (Mc 1,7-11)

¿Recuerdan esas escaleras tijera? si tu subes por un lado y yo por el otro, ambos llegaremos a la cima, pero ahí viene el problema.
Los dos no cabemos en la cima.
Y los dos queremos estar en la cima.
Al fin terminamos peleándonos y uno de los dos caerá.
Uno de nuestros problemas es ser más que los demás.
De ahí nuestras luchas y peleas.

Por eso me gusta la figura de Juan.
Estaba en su cumbre ante la gente.
Y de repente, trata de que su figura desmedre en favor de la persona de Jesús.
Un texto que debiéramos leer atentamente e interiorizarlo.

Porque, si somos sinceros, descubriremos en nosotros dos realidades:
Nos cuesta que el otro sea más que nosotros.
Y por eso, nos cuesta reconocer las cualidades y lo bueno del otro.

En cambio Juan asume una actitud maravillosa:
Comienza por sentirse menos que Jesús.
Reconoce a Jesús como el más fuerte.
“Después de mí viene el que es más fuerte que yo”.
El es más débil:
“No soy digno de agacharme para desatarle las correas de sus sandalias”.
Reconoce que la obra de Jesús es superior a la suya:
“Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo”.

Reconocer las cualidades del otro demuestra nobleza de corazón.
Negar las cualidades del otro demuestra nuestro orgullo y egoísmo y hasta nuestro complejo de inferioridad.
Hablar de las cualidades del otro, es honradez y honestidad.
Alabar las cualidades del otro, es grandeza de corazón.
Sentirnos bien porque los demás nos llevan la delantera, es valorar a los demás.
No somos más por rebajar a los demás.
No somos más por negar las cualidades de los demás.
Dios es grande reconociendo la grandeza del hombre.
Dios es grande valorando nuestras pequeñas cualidades.
Dios es grande no subiendo sino “rebajándose”.
“Sin dejar su condición de Dios, se rebajó a sí mismo siendo un hombre cualquiera”.
Somos lo que somos no porque los demás son menos.
Somos lo que somos no rebajando a los demás.
Somos tanto más grandes cuanto más reconocemos lo bueno de los otros.
Somos tanto más grandes cuanto más ayudamos a que los demás sean más.

No se trata de minusvalorarnos.
Sino de vivir nuestra verdad.
Reconocer nuestras cualidades, reconociendo las de los demás.
Como escribía Helen Keller: “Nunca se debe gatear cuando se tiene el impulso de volar”.
Pero tampoco pretendamos volar y no tenemos alas.
Dejemos que los pájaros vuelen.
Pero nosotros no gateemos sino que andemos.

Señor:
Muéstrame lo que realmente soy.
Pero dame la sinceridad de reconocer lo que son los demás.
Que siempre aspire a más.
Pero nunca rebajando a los otros.
Que mi grandeza consista en reconocer la grandeza de los otros.

Clemente Sobrado cp.

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