Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 1 a. Semana – Ciclo A

“Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. Curó a muchos enfermos de diversos males…” (Mc 1,29-39)

Primero Jesús deja en mal lugar a los escribas que ya han perdido autoridad ante el pueblo.
Ahora es la institución religiosa la que Jesús cuestiona.
Es sábado, día de sinagoga.
Como sábado los enfermos están prohibidos de buscar la salud de sus cuerpos.Por eso tienen que esperar a que pase el sábado, se ponga el sol para acudir a Jesús que acaba de curar al enfermo en la misma sinagoga y luego se va a la casa de Pedro a sanar a su suegra que tiene fiebre. Y ahora todos los que esperaban terminase el día, acuden todos a que los cure.

Resulta chocante:
Que la institución religiosa sea un atentado contra la persona.
El sábado dedicado a Dios se olvida del hombre.

Y resulta chocante porque:
La persona está por encima de cualquier institución, incluso la religiosa.
La persona es para Dios más importante que la religión, al menos la religión que relega al hombre a título de fidelidad a Dios.
Dios deja de ir a Misa con tal de sanar al que sufre.
¿Acaso Jesús mismo no renunció a su “condición divina” para hacerse un hombre cualquiera, para salvar al hombre?

Si Jesús deja su condición divina para salvarnos ¿qué mucho que nosotros dejemos nuestras obras de piedad para aliviar el sufrimiento de los demás?
Recordemos lo que San Vicente Paúl decía a sus religiosas de abandonar la oración si algún pobre o enfermo las necesitaba.
No se deja a Dios cuando alguien sufre, sino que se deja a Dios por Dios que sufre en el necesitado.

Dios pareciera dar más importancia al hombre que a sí mismo. Pero qué difícil nos resulta todos entrar por este Evangelio del sufrimiento y del dolor.
Dios no hace sufrir a nadie y quien diga lo contrario miente y no le hace favor alguno ni a Dios ni a la religión o a la Iglesia.
Dios prefiere la vida del hombre a la vida de su propio Hijo, al que no baja de la cruz.
Para Dios el centro es siempre el hombre, sobre todo, el hombre que sufre, que llora, que pasa por necesidad.

¿Cuándo los demás serán el centro de nuestra vida?
Por encima de nuestros títulos y pergaminos.
Por encima de nuestros intereses.
Por encima de nuestras riquezas.
¿Cuándo será que, nuestra espiritualidad pase por la experiencia del hombre, la mujer, el niño o el anciano que nos necesitan?
¿Cuándo será que, nuestra mejor devoción sea el amor y el servicio de los que sufren?
¿Cuándo será que, nuestra mejor misa será el compartir el sufrimiento del hermano y el ayudarle a recuperar el gozo de la esperanza?
¿Tendremos que esperar también nosotros a que se ponga el sol cada domingo para acercarnos a ellos?
¿Tendremos que dejarlos abandonados hasta que regresemos de hacer nuestras oraciones?
¿Tendremos que dejarlos solos, sorbiendo su propia soledad y abandono hasta que regresemos de encontrarnos con Dios para contarle nuestras cuitas?

El mundo cambiará y también nosotros los creyentes.
Cuando las leyes, también las religiosas estén al servicio de la dignidad de la persona.
Cuando la riqueza esté el al servicio de todos, también los necesitados.
Cuando cada uno vivamos y estemos al servicio de los demás.

Clemente Sobrado cp.

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