Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 1 a. Semana – Ciclo A

“Sentado a la mesa en su casa, de entre los muchos que le seguían, un grupo de publicanos y pecadores se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos escribas fariseos, al ver que comía con publicanos y pecadores, les dijeron a los discípulos: “De modo que come con publicanos y pecadores”. (Mc 2,13-17)

Primero fue la casa de Jesús abierta a todos, con puertas incluso en el tejado. Ahora es a orillas del Lago. A Jesús le encantan los espacios abiertos desde donde se puede ver todo y donde todos puedan entrar.

Ahora es la hora del llamamiento del quinto discípulo.
Ya no es un pescador del Lago sino uno de esos marginados por la Ley, de esos excluidos por la religión de la Ley. Un tipo de pocas simpatías: “recaudador de impuestos”. Diera la impresión de que a Jesús le resultan más importantes e interesantes, precisamente aquellos a quienes los “buenos” excluyen de la mesa de la comunidad religiosa.

Resulta curioso el ver cómo la religión tiene siempre su CIA. Siempre que Jesús decide saltarse las normas legales, allí está la CIA de los escribas, para criticar y llevar los chismes y denuncias a los de arriba.
“De modo que come con publicanos y pecadores”.

Pareciera que los “buenos” necesitan de los malos:
¿Será para sentirse ellos mejor?
¿Será para poner a los malos como pedestal y así subir ellos su talla?
¿Será para ganarse “alguito” con sus celos y chismes ante los que están más altos?

Les interesan los “los malos”:
¿Será para acercarse a ellos?
¿Será para ayudarles a ser mejores?
¿Será para ayudarles a salir de su situación?
¿Será para rezar por ellos y con ellos?
¿Será para tenderles una mano y atraerlos?

Mientras tanto, a Jesús le encanta esa gente que la CIA religiosa excluye y hasta persigue y condena.
Se siente mucho mejor y más a gusto charlando amablemente con ellos.
Se siente con mucho mejor apetito comiendo con ellos.
Le sabe mucho mejor la comida compartiéndola con ellos.
Porque es una comida que sabe más a amistad, a amor, a caridad, que es el mejor condimento de los alimentos.
Y hasta diría, que hace mucho mejor la digestión.
Porque sabe que, son ellos los que más le necesitan.
Porque sabe que, son ellos “los enfermos que necesitan de médico”.
Porque sabe que, son ellos los que a la hora de la verdad están más abiertos a la buena noticia del Evangelio.
Porque sabe que, son ellos los que tienen menos trabas para seguirle.

El celo religioso está muy bien.
Pero cuando es un celo que nace de la caridad y no de prejuicios para con los demás o de la sospecha.
El celo religioso está muy bien.
Pero cuando es un celo que nace del corazón y busca, no el propio prestigio, sino el bien, el cambio de los demás.
El celo religioso tiene que brotar de una experiencia como la de Pablo, quien se atreve a decir de sí mismo: “me hice todo para todos, para ganarlos a todos”.

A Jesús le va mucho mejor, se siente en su propia salsa:
Cuando habla con los marginados: como la Samaritana.
Cuando tiene que defender a los malos: como la pecadora de Betania.
Cuando es invitado a la mesa por los publicanos: como Leví, el recaudador de impuestos y publicano.
Cuando es invitado por mí: aunque no esté de acuerdo con mi segundo matrimonio.
Cuando es invitado a mi mesa: aunque sepa que yo no suelo participar con frecuencia en la suya los domingos.
Y le importa un comino las críticas y murmuraciones de los buenos.
Porque él ama a todos.
Porque sabe que se cercanía y su amor son el mejor camino para ganarlos para su Padre, que para eso lo envió.

Clemente Sobrado cp.

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