Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 2 – Ciclo A

“Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que viene hacia él, exclamó: “Ese es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía; pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel”. (Jn 1, 29-34)

Siempre me ha encantado la figura de Juan con el dedo mostrando un corderito que lleva en la mano.
Siempre se necesita de alguien que vea primero.
Somos muchos los que vemos hoy porque otros vieron antes.
Juan es el primero que ve a Jesús caminando por el desierto.
Juan es el primero que reconoce Jesús.
Y le reconoce como “cordero”.
Como “cordero que quita el pecado del mundo”.

No me atrevería a decir que es el cordero sacrificado por nuestros pecados.
Dios no necesita pago alguno, ni sacrificio alguno, para perdonar los pecados.
Además no dice que viene a “perdonar o limpiar” sino a “quitar el pecado del mundo”.
Jesús no viene simplemente de lavandero de pecados.
Jesús viene a algo más radical: viene a suprimirlo, que es distinto a limpiarlo.
Y la imagen del cordero es una imagen pascual.
La imagen del cordero es una imagen de la debilidad, no de la fuerza de lobo.
La imagen de la humildad y no del orgullo del poder.
La imagen de la sencillez y no de la grandeza.
Solo el amor “quita” el pecado.
Porque solo el amor es capaz de cambiar el mundo y el corazón humano.

Más que el cordero sacrificado con el que aplacamos la justicia de Dios, es el cordero que manifiesta la bondad de Dios.
No es el poder el que puede “quitar” el pecado del mundo.
Porque el poder lleva mucho de pecado él mismo.
El pecado se quita cambiando las cosas.
Cambiamos los lobos por los corderos.
Cambiemos los tigres por los corderos.
Cambiamos el poder por la debilidad.
Cambiamos el poder por la sencillez.

Y ahí mismo comenzó la obra de “quitar el pecado”.
Porque ahí mismo aparecen los dos primeros discípulos siguiéndole, interesados dónde vive.
Y es la primera vez que Jesús invita a la su experiencia de vida.
Y es la primera vez, incluso antes que Juan, que dos hombres comparten el día con Jesús.

Jesús no viene a poner remiendos al mundo.
Jesús quiere un mundo nuevo.
Jesús quiere cambiar el mundo, y para ello es preciso “quitar el pecado”.
A la hora de la Pasión, Pedro sacará su espada y Jesús le dirá: así no, Pedro, así caemos en el sistema y nosotros venimos a cambiar el sistema.
Y este solo se cambia por el cambio del corazón y no por la espada.

Clemente Sobrado cp.

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