Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Santos Timoteo y Tito

“¿Se trae un candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero?” (Mc 4,21-25)

¿Alguien instala la luz eléctrica para luego tenerla apagada?
¿Alguien se compra un candil para tenerlo escondido en el armario?
¿Alguien enciende una vela para luego esconderla?
¿Alguien se viste de terno y corbata para esconderse luego en el ropero?

El Señor nos ha convertido en luz, en candil.
Porque quiere, a través de cada uno de nosotros, ser luz para los demás:
Hay quienes todavía están en la oscuridad.
Y nosotros estamos llamados a alumbrarles.
Hay muchos que todavía no han recibido la luz.
Pero nosotros tenemos el encargo de iluminarles el camino.
Hay quienes todavía viven en la noche de sus vidas.
¿Y para qué estamos tú y yo si no es para ser una rayito de luz y de amanecer?

Dejémonos de falsas humildades.
No es humilde el candil por estar escondido.
No es humilde el candil por estar bajo la mesa.

Si soy luz, mi humildad será alumbrar generosamente.
Si soy luz, mi humildad es hacer que otros vean.
Si soy luz, mi humildad es alumbrar para que otros no tropiecen en la oscuridad.
Si soy luz, mi humildad es hacer que otros acierten el camino.

Jesús no quiere candiles apagados.
Jesús no quiere candiles escondidos.
Jesús no quiere candiles que no alumbren.
“Se trae o pone el candil… es para que salga a la luz”.

Soy candil encendido cuando los demás son testigos de mi bondad.
Soy candil encendido cuando los demás son testigos de mi comprensión.
Soy candil encendido cuando los demás son testigos de mi alegría.
Soy candil encendido cuando los demás son testigos de mi generosidad.
Soy candil encendido cuando los demás son testigos de mi sonrisa.
Soy candil encendido cuando los demás son testigos de mi servicialidad.
Soy candil encendido cuando los demás son testigos de mi fidelidad al Evangelio.
Soy candil encendido cuando los demás son testigos de mi coherencia con el Evangelio.

¿Recuerdan aquel ciego que caminaba por la noche con la linterna encendida?
Alguien que pasó a su lado le dice: “¿y para qué llevas la linterna encendida, si tú eres ciego y no ves?”
El ciego respondió: “yo no veo pero la llevo encendida para que veas”.

¿Por qué nos quejamos de que el mundo camina a oscuras?
Mejor si nos preguntásemos: cuánto alumbra mi vida.
¿Por qué quejarse de que la gente no se ama?
Mejor si nos preguntamos: ¿y cuánto la amo yo?
¿Por qué quejarnos de que hay demasiado egoísmo?
Mejor si nos preguntamos: ¿y qué testimonio doy yo de servicialidad?

No escondamos nuestra luz.
Pongámosla allí donde pueda alumbrar a otros.
Jesús dijo un día que él era “la luz del mundo”.
Y ahora nos dice a nosotros: “sois candiles, alumbrad”.

Es preciso que alumbremos e iluminemos, porque de lo contrario, es posible que Dios apague el candil de nuestras vidas.
“Al que alumbra e ilumina” Dios lo encenderá en llamarada.
“Al que no alumbra ni ilumina”, Dios lo apagará del todo.

Clemente Sobrado cp.

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