Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 4 a. Semana – Ciclo A

“Como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él.
Herodes, al oírlo, decía: “Es Juan a quien yo mandé decapitar que ha resucitado”. Es que Herodes había manado prender a Juan y lo había metido la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Felipe y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan e intentaba matarlo; pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo y lo defendía”. (Mc 6,14-29)

Un Evangelio para leer en privado.
Un Evangelio para leer socialmente.
Un Evangelio hasta cierto punto macabro, pero real.
Un baile capaz de recibir como premio la cabeza de un profeta.
La contradicción entre la estima y el orgullo y la vanidad.
Un Evangelio que se presta a muchas contradicciones.

En primer lugar el poder sin ética ni moral.
El poder que no tiene reparo en robar la mujer a propio hermano.
El poder que no resiste se le diga la verdad.
El poder que prefiere quedar bien ante los demás a respetar la vida del profeta.
El poder que pone por precio la cabeza del profeta, el baile de una muchacha.
El poder que una madre aprovecha a realizar sus deseos de eliminar al que le dice la verdad.

La suerte de los profetas de la verdad.
Herodes oye hablar de Jesús a quien todavía no conoce más que de oídas.
Herodes que estimaba a Juan como hombre honesto, honrado y hasta santo.
Pero un Herodes que puede admirar la santidad del profeta, pero prefiere la inmoralidad de una mujer sin moral.
Un Herodes que puede reconocer la honradez y honestidad del profeta, pero no se deja cambiar por él.
Un Herodes que se niega a escuchar la verdad y encarcela al profeta.
Un Herodes que se siente dueño del profeta y lo degüella por el amor de una mujer.

¡Cuántas contradicciones en el corazón humano!
Lo tiene por profeta: pero prefiere seguir la ley de lo instintos.
Lo tiene por profeta y santo: pero él sigue cerrando su corazón a la verdad.
Lo tiene por profeta y honrado: pero no se deja cambiar.

Con frecuencia sabemos que nos dicen la verdad:
Pero preferimos seguir nuestra vida inmoral.
Conocemos que nos dicen la verdad y preferimos seguir en nuestra mentira.
Decir la verdad siempre es un riesgo.
Fácilmente te ganas enemigos.
Fácilmente te pierdes amigos.
Y peor cuando la verdad la decimos a los grandes.
Tienen poder para hacernos callar.
Tienen poder para llevarnos a la cárcel.
Tienen poder para acabar con nuestra vida.

El poder sin moral, aplasta.
El poder sin moral, mata.
El poder sin moral, puede privarnos de la vida.
El poder sin moral, carece de conciencia.

Es fácil decir la verdad a los débiles.
Son pocos los que se atreven decirla a los poderosos.
Porque poder atrofia la conciencia.
Porque el poder atrofia le sensibilidad por el hombre.

Clemente Sobrado cp.

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