Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 5 a. Semana – Ciclo A

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

“Apenas desembarcaron, algunos reconocieron enseguida a Jesús, y se pusieron a recorrer toda la región; cuando se enteraba la gente donde estaba Jesús le llevaban los enfermos en camillas. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y aldeas, colocaban a los enfermos en la plaza y la rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban quedaban sanos”. (Mc 6,53-56)

Jesús atrae, arrastra.
Nada más enterarse donde está, cargan con todos los enfermos.
Aquí no se habla de espíritu inmundo.
Se habla sencillamente de “enfermos”.
Los colocan en la plaza, como en un hospital al aire libre.

¡Qué pena que en aquel entonces hubiese cámaras fotográficas ni filmadoras!
Jesús siente un cariño especial para con los enfermos.
Y los enfermos sienten una confianza particular con Jesús.
Saben que de su persona sale una fuerza especial.
Saben que de su persona sale salud sin ese consabido “su fecha será el mes próximo.
Ni siquiera piden que los sane.
Sencillamente se los presentan.
Sencillamente piden tocar su manto

Diera la impresión de que el Evangelio está escrito en su mayor parte en base a la relación de Jesús con los enfermos.
Los enfermos se convierten el gran sacramento de su amor.
¿No sería razón para que:
Valorásemos más a nuestros enfermos?
Hubiese una pastoral parroquial de enfermos más seria?
Destacásemos más a los enfermos de la comunidad parroquial?
Organizásemos mejor la atención a los enfermos?
Darles una mayor presencia en la vida parroquial?
Ofrecerles una mayor compañía en su soledad?

Es cierto que existe la pastoral de enfermos.
Pero la vemos como una pastoral un tanto marginal.
Como una pastoral de segundo plano.

El enfermo es un predilecto de Jesús.
El enfermo gana el corazón de Jesús.
El enfermo tiene una amistad especial con Jesús.
Para Jesús, los enfermos son como el centro de su quehacer.
Como también los enfermos acuden a él con gran confianza y esperanza.

Es que el enfermo:
Es uno de los pobres a quien Jesús anuncia la Buena Noticia del Reino.
Es uno de los que Jesús ha venido a liberar de la esclavitud de la enfermedad.
Es uno de los que más necesita del amor y predilección de la comunidad cristiana.
Es uno de los que más necesita del cariño de la comunidad.
Es uno de los que más necesita de la compañía de la comunidad.

Tal vez no tengamos esa fuerza que sana.
Pero tenemos esa otra fuerza que le haga sentir al enfermo que es importante.
Tenemos esa fuerza capaz de devolver el ánimo, la alegría que ya es mucho.
Y se me ocurren dos ideas:
¿No necesitaríamos crear una espiritualidad de los médicos?
¿No necesitaríamos hacerles ver en el enfermo algo más que la enfermedad?
¿No necesitaríamos crear la espiritualidad del enfermo y la enfermedad?

No. Dios no ama la enfermedad, pero Dios sí ama al enfermo.
Y así como seguían a Jesús tan pronto sabían donde estaba, qué bueno que nuestros enfermos buscase más a la Iglesia.
No podemos esperar a tener que llevarle el Sacramento de la Unción.
El problema está en curarle su espíritu durante el curso de la enfermedad.

Clemente Sobrado cp.

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