Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 5 a. Semana – Ciclo A

“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”. (Mc 7,1-13)

La fe es un don de Dios.
La religión es la manera que tenemos los hombres de relacionarnos con Dios.
La fe viene de Dios.
La religión proviene de los sentimientos humanos.
Y el problema está en que, con frecuencia:
Confundimos fe con religión y religión con fe.
Damos más importancia a lo religioso que a la fe misma.
Podemos ser religiosos y no tener una fe verdadera.
Y una religiosidad sin fe puede quedarse vacía.

El ejemplo más claro es lo que nos dice el Evangelio de hoy:
Podemos tener las manos muy limpias, pero el corazón muy sucio.
Podemos hablar mucho con Dios, pero nuestro corazón puede estar vacío de Dios.
Podemos oler al mejor perfume, pero el corazón puede oler a podrido, a resentimiento, a odio, a venganza.

Jesús no es enemigo de la higiene del cuerpo.
Pero él no vino a instalar ni saunas, ni masajes, ni salas de belleza.
Jesús vino a limpiar nuestro corazón.
Jesús vino a purificar nuestro corazón.
Ya el profeta lo había anunciado: “Os daré un corazón nuevo”.
Y nosotros mismos recitamos en el Salmo 50 (51):
“Tú amas la verdad en lo íntimo del ser;
En mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con hisopo hasta quedar limpio,
Lávame hasta blanquear más que la nieve”.
“Crea en mi, oh Dios, un corazón puro,
Renueva en mi interior un espíritu firme”.

“Los escribas vieron que sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavarse las manos”.
Se puede uno lavar mucho las manos y llevar un corazón sucio.
Que se lo pegunten a Pilato que se lavó muy bien las manos para firmar la sentencia de muerte de quien creía inocente.

No todo lo que nosotros vemos como religioso responde a lo que Dios espera de nosotros. Y Jesús es bien claro. No todo lo que nosotros llamamos tradición expresa el querer y la voluntad de Dios:
“Dejáis a un lado el mandamiento de Dios, para aferraros a la tradición de los hombres”.
No todo lo que llamamos tradición es voluntad de Dios.
Hay muchas cosas que son tradiciones culturales.
Hay muchas cosas que son tradiciones de tiempos determinados.

La tradición es importante, porque muestra el camino histórico de cómo los hombres han ido concibiendo culturalmente su fe.
Pero lo esencial es el Evangelio, como expresión de la voluntad de Dios.
El Evangelio como experiencia y expresión de fe.

Tradición, sí.
Pero, primero el Evangelio.
La tradición no puede oscurecer al Evangelio.
Es preciso saber discernir lo que es “el mandamiento de Dios” y lo que es “la tradición de los hombres”.

Jesús es bien claro:
Dios manda amar y atender y cuidar de los padres.
Pero si he ofrecido mis bienes al Templo, ya quedo dispensado de la ayuda que debo a mis padres.
Dios prefiere que ayudemos a nuestros padres y necesitados, y no disculparnos, ofreciéndolos a Dios en el Templo.
Dios no quiere para sí lo que necesitan nuestros padres o nuestros necesitados que sufren hambre.

¿Sería ir contra Dios si digo que: “En vez de la limosna en la Misa mejor demos de comer a un pobre ese domingo?” ¡que me perdone mi párroco si este domingo le baja la Colecta!

Clemente Sobrado cp.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s