Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 6 a. Semana – Ciclo A

Blind Man

Flickr: afgmatters

“… le untó con saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: “¿Ves algo?” Empezó a distinguir y dijo: “Veo hombres; me parecen árboles, pero andan”. Le puso ostra vez la mano en los ojos; el hombre miró: estaba curado, y veía con toda claridad”. (Mc 8,22-26)

Una bella y hermosa imagen del proceso de la fe en nosotros.
Hace muchos años, el Dr. Loayza me operó de urgencia de desprendimiento de retina. Al darme de alta le pregunté si podía ver televisión. Puedes ver lo que quieras.
Aquellos días estaban dando el campeonato de voley. Cuando regresé el miércoles cuando regresé le dije: Doctor, estoy viendo el voley, pero en vez de seis veo doce jugadoras. Con la amabilidad y la sonrisa que le caracterizaban me respondió: Tú tranquilo. Poco a poco se irán muriendo unas cuantas y terminarás viendo las seis de reglamento.

Me viene ese recuerdo ahora que leo la curación de este ciego que le presentaron a Jesús.
Comenzó por ver hombres como árboles.
Comenzó por verlo todo deformado.
Hasta que terminó eliminando los árboles y se quedó viendo solo hombres.

Todos comenzamos como ciegos.
Y cuando Jesús pone su mano sobre nuestros ojos y comenzamos el camino de la fe:
Todo nos parece extraño.
Todo lo vemos como fuera de la realidad.
Todo lo vemos agrandado.
Hasta que poco a poco, la visión de la fe se nos hace normal.
Hasta que todo lo vemos en su verdadera realidad.
Hasta que todo lo vemos en su verdadera dimensión.
Como también yo terminé viendo al equipo normal y desdoblado.

Pero lo que más me llama la atención es:
Que no dice, ahora veo a Dios.
Que no dice, ahora te veo a ti, como hijo de Dios.
Al contrario, al recuperar el don de la fe, la visión de la fe, lo primero que descubre y reconoce son los hombres.
Comienza por ver a los hombres.

Primero los ve deformados.
Los ve como algo extraño.
Hasta que termina viéndolos en su verdadero tamaño.
Los ve en su verdadera dimensión.
Los ve en su verdad humana y divina y no solo “porque andan”.

La fe no es solo la capacidad de ver a Dios.
La fe es también aprender a ver a los hombres.
Pero a verlos, no como simples objetos que se mueven.
No como simples clientes o mano de obra para producir riqueza.

La fe hace que los veamos:
Como personas.
Como imágenes de Dios.
Como hijos de Dios.
Como hermanos unos de otros.
Como los ve el mismo Dios.
Que los veamos en su verdadera dignidad de personas.
Que los veamos en su verdadera vocación humana y divina.

Por eso, ser creyentes, es no solo una relación espiritual con Dios.
Ser creyentes, es tener también una visión diferente del hombre.
Ser creyentes, ha de comenzar:
Por una manera distinta de ver al hombre,
De valorar al hombre,
De relacionarnos con los hombres.

Clemente Sobrado cp.

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