Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 7 a. Semana – Ciclo A

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

“Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos”. Jesús replicó: “¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe”. Entonces el padre del muchacho gritó: “Tengo fe, pero dudo, ayúdame” Jesús increpó al espíritu inmundo, diciendo: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: “Vete y no vuelvas más a entrar en él”. (Mc 9,14-29)

Una escena tierna, aunque violenta y dura.
Unas actitudes de sencillez que revelan el dolor y el sufrimiento del padre de este hijo.
“Si algo puedes”.
Se pone en la actitud del nombre sencillo, del hombre de pueblo.
No asume actitud alguna de imposición y casi ni se atreve a pedir.
Y hasta se humilde resignación: “Si puedes”. Claro que si no puedes te quedaré igualmente agradecido.

Es la actitud de toda oración.
Un presentarnos como pobres, como impotentes, como quien acepta los resultados de la oración.
Es como la oración de aquel aldeano que no sabía leer ni escribir y no sabía oración alguna y se pone delante del Sagrario y sólo acierta a decirle: “Señor, aquí está Juan”.
El resto lo deja al corazón de Dios.

“Ten lástima de nosotros, y ayúdanos”.
Comienza por expresar sus sentimientos de padre.
Mira cómo sufre mi corazón de padre.
Mira mi impotencia y mi pobreza.
Sólo te pido compartas mis sentimientos y nos eches una mano, tú que eres buena gente.

Presentarse así desnudo delante de Dios es el mejor camino para ganarle el corazón a Dios.
Dios no puede resistirse ante el sufrimiento callado y silencioso.
Dios no puede dejar de conmoverse ante un corazón que grita en el silencio.

“Todo es posible para el que tiene fe”
La clave de la oración es siempre la fe.
La clave para arrancarle milagros a Dios, no son nuestras palabras, sino nuestra fe.
La eficacia de la oración dependerá siempre de la sencillez de nuestra fe.

“Tengo fe, pero dudo, ayúdame”.
Es de las frases más tiernas y conmovedoras que he leído en el Evangelio.
Y es una de las frases que mejor expresan la pedagogía de la fe.
Con frecuencia pecados contra la fe sintiéndonos tan seguros de creer.
Incluso sentimos reparos en decir que, a veces dudamos.
Nuestro orgullo nos impide reconocer que “creemos, pero que tenemos dudas”.
A veces, mi orgullo sacerdotal me impide reconocer ante los demás que “si creo, pero tengo con frecuencia mis dudas”.
Si soy sincero con el Evangelio, hay momentos:
En los que, no estoy seguro de si mi fe es verdaderamente evangélica.
En los que, no solo no estoy seguro, sino que me invade la duda.
Pero me cuesta reconocerlo.
Y más aún, me cuesta confesarlo.

Por eso, me emociona el gesto de este pobre padre, que, por una parte dice creer, y por otra, es capaz de dudar de su misma fe.
Y por ello, brota de su corazón ese grito: “Señor, ayúdame a creer”.

Señor, yo pienso que sí creo, pero comprende que dude de mí mismo.
Señor, yo creo creer, pero más de una vez, pongo en duda mi fe.
Señor, “ayúdame a creer”.
Señor, que cuando veas que comienzo a dudar: “ayúdame a creer”.
Señor, que cuando veas que mi fe vacila: “ayúdame a creer”.
Señor, que cuando veas que mi fe es más de mi cabeza que de mi corazón: “Ayúdame a creer”.
Señor, que cuando me veas tan seguro de mi fe, entonces “ayúdame más a creer”.

Clemente Sobrado cp.

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