Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 7 a. Semana – Ciclo A

“Jesús no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará”. Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. En casa les preguntó: “¿De qué discutíais por el camino?” Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante”. Les dijo: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. (Mc 9,30-37)

Ahora Jesús evita entrar a los pueblos.
No quiere le distraigan de su enseñanza a los discípulos.
El tema, el anunciado en la zona de Filipo: “el Mesías condenado a la Cruz”.

Y resulta difícil entender aquello que no queremos entender.
Ellos no entendían nada.
Pero tampoco quieren preguntar.
Porque no es fácil preguntar cuando uno tiene miedo a la verdad.
A veces preferimos encerrarnos en nuestro silencio a enterarnos de la verdad que no nos gusta.
Preferimos encerrarnos en lo nuestro cuando el miedo a la verdad nos paraliza.

El miedo nos paraliza para afrontar la realidad.
El miedo nos paraliza para afrontar la verdad.
El miedo nos paraliza para afrontar lo que no queremos saber.
El miedo nos paraliza para afrontar lo que no queremos aceptar.

Por otra parte, es difícil:
Entender la Cruz, cuando se piensa en el poder.
Entender la Cruz, cuando se aspira a los primeros puestos.
Entender la Cruz, cuando se discute superioridades.
Entender la Cruz, cuando se discute estar arriba.

No podemos escandalizarnos de ellos, sabiendo lo que se pensaba de la Cruz en aquel entonces.
Pero no se justifica hoy que sabemos que la Cruz es el lugar donde Dios se manifiesta.
La Cruz sigue siendo Cruz, pero desde que en ella colgó Dios es:
Misterio de amor.
Misterio de gracia.
Misterio de salvación.
Misterio de fidelidad al Evangelio.
Misterio del nuevo estilo de vida del cristiano.

Ellos no entendían.
Tampoco querían entender preguntando.
El Papa Francisco nos dirá:
“Y si queremos ser cristianos, no hay otro camino.
El mismo.
Se hizo siervo, servidor;
Quiso ser humillado hasta la Cruz”.
Y frente aquellos que quisieran un cristianismo un poco más humano, sin Cruz y sin Jesús, sin despojamiento, responde que:
“nos volveríamos cristianos de pastelería, como buenas tartas, como buenas cosas dulces”. “Muy bonito,¡pero no cristiano de verdad!”

No se puede hablar de ser último, cuando se ansía ser primero.
No se puede hablar de servir, cuando se anhela ser el que manda.
No se puede hablar de Cruz, cuando se piensa en el poder.
No se puede hablar de Cruz, cuando se piensa en el dominio y fortaleza.
Y sin embargo: ¿Qué queremos?
¿Un cristianismo capaz de engendrar mártires?
¿O en un “cristianismo de pastelería y chocolate”.

Ellos tenían miedo en preguntarle.
¿Y nosotros no tendremos miedo en cuestionar a fondo nuestra fe, nuestra espiritualidad, nuestra vida cristiana?
Sin Cruz no hay revelación plena de Dios.
Sin Cruz no hay salvación.
Sin Cruz no hay amor.
Sin Cruz no hay Iglesia.
Sin Cruz no hay Evangelio.
Sin Cruz no hay cristianos.

Clemente Sobrado cp.

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