Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Jueves después de Ceniza

“Y dirigiéndose a todos, dijo: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará”. (Lc 9,22-25)

Sin meterme mucho en teologías, yo definiría a Dios, como el que camina con su pueblo, el que camina con el hombre.

Cuando sacó a su pueblo de la esclavitud de Egipto no le dio un mapa de ruta mostrándole el camino a seguir.
El mismo se puso a la cabeza y caminaba con el pueblo.

Somos todos un pueblo que camina, pero que no camina solo, porque “Dios va caminando en su propio camino”.
Dios no es alguien que nos espera al final del camino.
Dios es el compañero de viaje.
Llega con nosotros.
No quiere llegar solo.
Tampoco quiere vernos llegar solos.
No quiere vernos llegar cansados.
Quiere llegar cansado con nuestro propio cansancio.

Es lo que sucede también en la Cuaresma.
Es un camino, el camino del pueblo de bautizados y creyentes.
Pero es un camino que no lo hacemos solos:
Es Jesús que camina a nuestro lado.
Es Jesús que camina con nosotros.
Es Jesús que camina delante de nosotros.

Sabemos que la Cuaresma no es un camino fácil, es bonito porque cada día va transformando el invierno de nuestras vidas en nuevas primaveras.

Pero es difícil, como es difícil subir y escalar las montañas.
Aunque luego, desde la cima podamos tener la satisfacción de verlo todo nuevo y distinto.
Es difícil, porque es un camino de cambio, de conversión.
Y a todos nos cuesta dejar nuestros pequeños o grandes Egiptos.
Pero a nuestro lado nos va acompañando Jesús con su palabra y con la gracia del perdón y de la conversión.

Es un camino difícil, porque tiene que pasar por el camino de la cruz.
Pero no caminamos solos, delante de nosotros va él.
No nos dice “vayan que allá les espero” en mi Pascua.
Dos dice: “el que quiera seguirme”.
Yo soy el que voy abriendo el camino, yo voy primero.
Se trata de seguir sus huellas.
Huellas, muchas de ellas manchadas de sangre.
Pero es su sangre.
Habrá que vivir una serie de muertes a nosotros mismos.
Pero antes la experimentará él mismo.

Dios no es de los que nos pide imposibles.
El mismo lo hace posible.
Hace posible “renunciar a sí mismo” para darse a los demás, porque él la vive no para sí mismo sino que la vive para nosotros.
Hace posible “cargar a cruz de cada día”, porque él la lleva delante de nosotros.
Hace posible “perder la vida”, entregándola por otros. Su vida no le pertenece, sino que nos pertenece.

Los que quieren llegar lejos conocen los estorbos del camino.
Pero el brillo y la luz de la meta les hacen olvidar los malos momentos del camino.
Si queremos llegar a la Pascua, no nos detengamos en las dificultades y problemas. Miremos hacia delante y veremos que el va abriendo camino. Miremos a nuestro lado y nos daremos cuenta de que “Dios en nuestro caminar”, a nuestro lado, llevándonos de la mano.

Clemente Sobrado cp.

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