Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Lunes de la 1 a. Semana – Ciclo A

“Señor, ¿y cuando te vemos con hambre y te alimentamos? ¿o con sed y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”. (Mt 25,31-46)

Comenzamos esta primera semana de Cuaresma con una gran sorpresa.
La salvación está condicionada a lo que hagamos por los hermanos más pequeños.
Dios también salva aún a aquellos que no han actuado en su nombre pero sí por amor a los hombres, sobre todo los más necesitados.
Que Dios también está al otro lado de la tapia de la Iglesia. Aunque su nombre sea otro, es también el mismo Dios.

En uno de mis vuelos a Europa, se me acercó una azafata, creo porque me vio vestido de sacerdote. Y entramos en conversación. ¡Y cuál fue mi admiración! Me contaba que cada vez que volaba a la Lima, primero descansaba durante la noche, pero luego, durante el día, hasta que tenía que regresar al aeropuerto, se lo pasaba con las Hermanitas de la Madre Teresa en una zona pobre de la Victoria. Lavaba a los ancianos, les daba de comer y los ayudaba. Y esto venía haciéndolo desde 1990.

Yo que vivía en Lima sentí una gran vergüenza. ¿Cuántas veces había visitado a las hermanitas? Por las justas una sola vez, y ésta más por curiosidad que por servicio. Sentí verdadera vergüenza. Yo no era azafata sino sacerdote.

Dios también actúa en el corazón de aquellos que, a veces ni le conocen, y en aquellos que son capaces de amar y perdonar, aun sin ser cristianos. Aunque a decir verdad, me pregunto a mi mismo “¿y quien es capaz del mayor gesto de amor, como es el servicio desinteresado y el perdón, aunque su Dios se llame Alá, o Buda o cualquier otro nombre, no será realmente cristiana y la salvación no está en ella?

¿ Acaso, los que dieron de comer, vistieron, dieron de beber, visitaron a los enfermos y a los encarcelados:
¿lo hicieron por Dios?
¿lo hicieron pensando en Dios?
¿lo hicieron a Dios?

La pregunta es clara: “¿Cuándo te vimos… y te dimos…?
La respuesta es igualmente clara.
Cuando lo hicisteis a uno de estos “mis humildes hermanos, a mí me lo habéis hecho”.

Dios mira más allá de los muros de las distintas religiones.
Dios actúa más allá de los muros de los que aún no tienen una fe explícita en él.
Dios actúa más allá de los muros que nos separan a malos y buenos.
Dios mira más allá de los buenos y ama y actúa en el corazón de los malos.

Dios mira allá donde:
Valoramos a los pequeños y necesitados.
Valoramos a aquellos que pasan delante de nosotros sin nombre ni apellido.
Valoramos al hombre por se hombre y por reconocer su dignidad, por más que se estén pudriendo en la cárcel.
Dios se encarna en el que tiene hambre, por más que no lleve el cartelito.
Dios se encarna en el que tiene sed.
Dios se encarna en el desnudo.
Dios se encarna en el enfermo y el que está en la cárcel, por más que no lleve el cartelito colgado.
La basta el cartelito de “soy persona”, “soy hombre”, “soy mujer” para ser Dios encarnado.

Hay mucha sabiduría y mucho de evangelio en ese adagio popular: “Haz el bien y no mires a quien”.

El sufrimiento tiene rostro de hombre y mujer. Y Dios tiene rostro humano.

Clemente Sobrado cp.

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