Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Jueves de la 1 a. Semana – Ciclo A

“Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra? Y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden? Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los Profetas”. (Mt 7,7-12)

Muchos dejan de orar, porque tienen la impresión de que Dios no les escucha.
Y por tanto tienen la impresión de que ellos no cuentan en el reparto, porque a ellos no les toca nada.

¿Le das a tu hijo todo lo que te pide?
Estoy seguro que tu hijo, con frecuencia te pide lo que no le conviene, aunque él esté seguro que sí le interesa.
Es posible que te pida una cosa y tú le des otra.
Antes de darle algo, lo piensas bien, porque tu amor no es ciego.
Conozco a padres que pueden equivocarse, eso lo entiendo.
Pero no conozco a padres tan malvados que si le “pide un pan le dé una piedra”.
¿Tú se la darías?

Somos malos, como dice Jesús, y a pesar de todo sabemos dar cosas buenas.
Somos malos, como El dice, pero no somos tan canallas, que demos algo malo a quienes amamos.

¿Y qué decir de Dios?
Que Dios sabe mejor que nosotros lo que necesitamos.
Que Dios sabe mejor que nosotros lo que nos conviene.
Que Dios siempre nos da cosas buenas.
Que Dios no sabe dar cosas malas.
Por eso no entiendo a quienes dicen que Dios nos envía el cáncer, el sida o un infarto.
¿Tú crees que sí? Creo que mejor se lo preguntes tu médico.
Eres de los que todavía crees que cuando tu hijo, que venía a una velocidad excesiva y se estrelló con el carro y falleció, ¿fue Dios que lo quiso o permitió?
No me dirás que fue Dios que pisó más de lo necesario el acelerador.

Y con tu permiso voy a hacer una lectura de algo que dice aquí Jesús: “Tratad a los demás como queréis que ellos os traten”.
Claro que esto siempre lo aplicamos a los demás.
Pero ¿por qué no lo aplicamos a nuestras relaciones con Dios?
Trata a Dios como quieres que él te trate.
Ama a Dios como quieres que él te ame.
Cuida de las cosas de Dios como quieres que él cuide de las tuyas.
Escucha a Dios como quieres que él te escuche.
Sé amigo de Dios como quieres que él sea tu amigo.

O si prefieres hagámoslo de otra manera:
Trata a Dios como él te trata.
Escucha a Dios como él te escucha.
Responde a Dios como él te responde.

Vives preocupado de que lo que recibes de Dios.
¿Y te preocupa lo que Dios recibe de ti?
Vives preocupado de lo que Dios hace por ti.
¿Y vives preocupado de lo que tú haces por él.

Clemente Sobrado cp.

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