Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Jueves de la 2 a. Semana – Ciclo A

“Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas”. (Lc 16,19-31)

ORACIÓN AL SEÑOR DE LOS MILAGROS POR NUESTRO PERÚ

No hay aquí una condena de la riqueza.
Al contrario, lo ideal sería que todos pudieran vestirse bien y comer mejor.
Lo que la parábola condena es:
La actitud del rico.
El corazón del rico.
La insensibilidad del rico.
La indiferencia del rico.
La soledad del rico, separado por un portón del mundo necesitado, que está al otro lado.
El desperdicio de lo que sobra a los ricos y que sería lo necesario y suficiente para el pobre.

Es normal que todos queramos llevar una vida digna y humana.
Es normal que todos queramos vestir decentemente.
Es normal que todos queramos comer hasta saciar nuestra hambre.
También los pobres tienen derecho a ser ricos.
Sin embargo no suelen ser exigentes.
Les bastaría y se darían por satisfechos pudiendo saciarse de lo que sobra de la mesa de los ricos.
Nunca podré olvidar aquel dicho de un niño pobre: “Con los pantalones viejos del abuelo, me han hechos unos nuevos para mí”.

Años pasados todos hemos vivido la gran crisis económica.
Todos hemos sido testigos de las grandes reuniones de los grandes economistas.
Pero en esas reuniones nunca veíamos reunirse a los “humanistas”.
Todas eran soluciones económicas, bancarias.
Pero ¿dónde estaba la presencia del hombre?
¿Dónde estaba la necesidad y la dignidad de la persona humana?
Todos preocupados de la debacle bancaria y de la deuda externa.
Todos nerviosos por el mismo nerviosismo de las “Bolsas”.
Pero, todos olvidándonos de ese mundo de la pobreza.
Un nerviosismo que nos hacía olvidar a todos la “hambruna” de lo que comenzó a llamarse “el cuerno del África”.

Todo se quería solucionar desde lo económico.
Pero todos olvidándonos de esa otra economía humana.
Son importantes las leyes de la economía.
Pero ¿una economía sin el hombre?
Una economía sin “la dignidad de la persona humana?
Una economía que, hacía olvidar al Lázaro llegado que permanecía tumbado al otro lado del “portón de la caída de la Bolsa”.

El rico de la parábola no se condenó por ser rico, ni por vestir de púrpura, ni siquiera, por banquetear espléndidamente, sino porque:
No se enteró de un pobre Lázaro que pasaba hambre al otro lado del portón.
No se sintió cuestionado por el que tenía el estómago vacío al otro lado del portón.
No se sintió cuestionado por el hambre de los demás.

Para que una economía sea realmente humana, no tiene por qué prescindir de las leyes económicas, pero tendrá que partir siempre del hombre y de todos los hombres y de la dignidad de cada hombre.

Pensamiento: Lo que me sobra a mí, no es mío, le pertenece a los pobres.

Clemente Sobrado cp.

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