Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Martes de la 3 a. Semana – Ciclo A

“Se adelantó Pedro y le preguntó a Jesús: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siente veces?” Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. (Mt 18,21-35)

Me encanta Jesús porque no le gustan las matemáticas.
Me gusta el amor porque no juega con las matemáticas.
No me gustan los que ponen límites al amor.
No me gustan los que ponen límites al perdón.
No me gustan los que ponen límites a la comprensión.
No me gustan los que ponen límites a las cosas.
No me gusta aquel que le pregunta a Jesús “si serán pocos los que se salvan”
No me gusta Pedro que pone límites al perdón.
Me hubiese gustado hablar con su esposa para saber cuántas veces le había perdonado.
Y no quisiera pensar mal de que Pedro haya seguido a Jesús porque ya estaba harto de ella.

En cambio qué maravilloso es Dios que no lleva cuenta de las veces que me ha perdonado.
Qué maravilloso es Dios que no pone límites a su perdón.
Qué maravilloso es Dios que perdona siempre.

El perdón es expresión del amor.
Me gusta Pablo que nos dice que:
“El amor es paciente, es servicial.
El amor no es envidioso, no es jactancioso, no se engríe.
El amor todo lo excusa.
Todo lo cree.
Todo lo espera.
Todo lo soporta.
El amor no acaba nunca”. (1Co 13,4-8)

Cuando al amor le ponemos matemáticas, deja de ser amor.
Cuando al perdón le ponemos matemáticas, deja de ser amor.
Porque el perdón es expresión y manifestación del amor.
Y el amor que tiene barreras y fronteras y aduanas, no es verdadero amor.
El amor que pone números al perdón, no es verdadero amor.
Por eso mismo, como Dios es amor:
Dios perdona siempre.
Dios disculpa siempre.
Dios comprende siempre.
Dios ama siempre.
Dios me sonríe siempre.

Yo que me paso diariamente varias horas confesando, soy testigo de este amor de Dios.
¡Cuántos me vienen lamentándose!
“Padre, he vuelto a caer”.
“Padre, he luchado, pero de nuevo he medito la pata”.
“Padre, disculpe que le prometí ser fuerte y de nuevo he fallado”.
Mi respuesta es siempre la misma:
“Antes te cansarás tú de caer, que Dios de perdonarte”.
“Antes te aburrirás tú de fallarte a ti mismo, que Dios de comprenderte”.
“Antes te cansarás tú de tus debilidades, que Dios de sonreírte”.
“Por eso, a comenzar de nuevo”.

Como Dios me ama siempre, me perdona siempre.
Como Dios me ama siempre, me comprende siempre.
Como Dios me ama siempre, me disculpa siempre.
Como Dios me ama siempre, me levanta siempre.
Como Dios me ama siempre, me abraza siempre.

Perdonamos según amamos.
Perdona poco quien ama poco.
Perdona siempre quien ama siempre.
Perdona siempre cuando el amor es más grande que mi pecado.

Clemente Sobrado cp.

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