Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Miércoles de la 3 a. Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud”. (Mt 5,17-19)

Dios no destruye lo alguna vez hizo.
Dios no niega hoy lo que algún día dijo.
Dios no es de los que “cambia de camiseta” cada día:
Dios no es de los que cambia de equipo.
Ni de los que cambia de partido.
Ni de los que cambia la creación.
Ni de los que cambia al hombre.
Ni de los que cambia de verdad.

Por eso, Jesús dice que “no se hagan a la idea de que ha venido a cambiar la Ley y los Profetas”.
Jesús ha venido a dar plenitud.
Jesús ha venido a dar plenitud a la Ley.
Jesús ha venido a dar plenitud a los Profetas.
Jesús ha venido, no a dejar las cosas como estaban.
Jesús ha venido a actualizar el pasado.

Con ello ya nos está manifestando que:
Tanto la Ley como los Profetas tienen un valor permanente.
Pero no estático e inmutable.
Que las leyes siguen teniendo valor hoy como en el pasado.
Pero que hay que darles nueva vida.
Que los planes de Dios tienen valor permanente.
Pero que los planes de Dios, cada día, se actualizan y hacen nuevos.
Que el árbol es el mismo y tiene las mismas raíces.
Pero ese mismo árbol va creciendo, echando ramas nuevas.
Su tronco es el mismo, pero más fuerte, más grueso y más firme.

Jesús cambia el pasado:
Pero la da plenitud.
Lo hace cada día nuevo como proyecto para los hombres nuevos.
Que lo que era ley y mandamiento ahora se convierte en “mandamiento nuevo”.
Que lo anunciado por los Profetas sigue siendo verdad de Dios, pero ahora es verdad de Dios, ya no en promesa, sino en la realidad misma de Jesús.
Toda la ley del pasado, ahora se hace plenitud en el doble mandamiento:
Amar a Dios.
Amar el prójimo.
“Estos dos mandamientos sintetizan todas las antiguas leyes”.

Los planes de Dios son eternos, pero no inmutables.
Dios nunca se queda en el pasado.
Jesús mismo lo dijo: “antes se dijo”, pero “yo os digo”.
Las dos grandes voces del Antiguo Testamente se encuentran con Jesús en el Tabor. Pero ahora a quien hay que “escucharle” es a El,

Jesús no está en contra del pasado.
Pero saca al pasado del pasado y lo hace presente.
Jesús no está contra la tradición.
Pero no es de los que reduce la tradición a solo el pasado sino que la hace historia.
La tradición es como el río de la historia.
El río, como su cauce, siguen siendo los mismos.
Pero el agua que corre es siempre diferente.
Sigue siendo el mismo río.
Pero en cada momento el agua que corre por él es diferente.
Es la unidad en la diferencia.
Es la continuidad de lo distinto.

Fidelidad al pasado.
Pero siendo fieles al ayer, al hoy y al mañana.
La mejor fidelidad al ayer es ser fiel al hoy,
Porque es el hoy el que da plenitud al ayer.

Clemente Sobrado cp.

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