Pensamientos de camino a la Pascua (2da parte)

Cuaresma camino a la Pascua

8.- «¿Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre?» (Lc 22, 48)
La traición se viste con un beso. La mentira se camufla con la verdad. El engaño se presenta con traje de amistad. El mal nunca presenta su propio rostro. Pero el mal tiene suficiente malicia como para utilizar el bien para sus propios camuflajes. El corazón humano tiene muchas maneras de disimular sus sentimientos. La mentira tiene muchas maneras de aparentar ser verdad. La traición tiene muchas maneras de justificarse.

9.- «Señor, ¿herimos a espada?» (Lc 22, 49)
Preferimos golpear a amar. Preferimos la fuerza al amor. Preferimos la violencia a las exigencias del corazón. Cuando no se ama, nuestro mejor recurso es la fuerza y la violencia. Cuando el corazón no ama lo único que nos queda es la espada. El mundo tiene demasiadas espadas. Y necesita más corazones. El mundo tiene demasiada violencia. Y necesita de más corazones. Porque un mundo sin corazón es un mundo frío.

10.- «se lo llevaron y le hicieron entrar en casa del Sumo Sacerdote». (Lc 22, 54)
La vida de Dios en manos de los hombres. Dios corre tremendos riesgos cuando cae en manos de los hombres. El hombre puede sentirse seguro en las manos de Dios. Pero Dios está muy inseguro en las manos de los hombres. Las manos de Dios bendicen. Las manos de Dios se abren para recibir al hombre herido. Las manos de los hombres atan, aprietan, golpean, maltratan. No importa que se trate de Dios. Es peligroso caer en las manos de los hombres. Las manos de Dios invitan. Las manos de los hombres arrastran.

11.- «Pedro iba siguiendo de lejos hasta el Palacio del Sumo Sacerdote». (Mt 26, 58)
Jesús lo invitó un día a seguirle de cerca. Pero en la Pasión, Pedro prefiere la propia seguridad y le sigue de lejos. Suficiente para ver lo que pasaba, pero a la vez, manteniendo una zona de seguridad que no le complicase la vida. Justificar la conciencia de no abandonarle. Pero también conservando la distancia suficiente para no verse inmiscuido en el problema. Es preferible hablar de los pobres que acercarse a los pobres. Es preferible hablar del dolor de los demás que acercarse a ellos y compartir sus penas. Siempre lo suficientemente cerca para sentirnos bien con nuestra conciencia. Pero también lo suficientemente lejos para que el dolor de los demás no nos toque.

12.- «Mujer, no le conozco». (Lc 22, 57)
Pedro, sé sincero. ¿No le conoces? ¿Nunca le has visto ni nunca has hablado con Él? ¿Por qué te mientes a ti mismo? ¿Por qué te quieres engañar a ti mismo? ¿Por qué quieres disimular tus propias debilidades? En ti la fuerza se hace debilidad. La valentía se hace cobardía. ¿Recuerdas, Pedro, lo de la espada? Es tan fácil engañarnos a nosotros mismos con nuestras medias verdades… Es tan fácil justificar nuestras cobardías con nuestras ignorancias…

13.- «los hombres que le tenían preso se burlaban de Él y lo maltrataban». (Lc 22, 63)
Los hombres nos parecemos todos unos a otros. Los de arriba humillan a los de abajo. y los de abajo humillan a los de más abajo. Quienes hoy maltratan a Jesús se sienten cada día maltratados por sus jefes. Pero ahora han encontrado a alguien que está todavía más abajo que ellos. Y se divierten burlándose de él y maltratándolo. Siempre hay alguien que es menos que uno. Siempre hay alguien en quien podamos revelar la pequeñez de nuestro corazón. Todos nos sentimos grandes delante del que es menos que nosotros.

14.- «¡Adivina! ¿Quién te ha pegado? (Lc 22, 64)
Qué fácil es taparte los ojos, Señor, y luego golpearte… No nos atrevemos a golpearte con los ojos abiertos. Nos divertimos más tapándote los ojos. Preferimos que seas adivino. Te golpeamos en nuestros hermanos, para que luego adivines quién ha sido. Te vendamos los ojos, para que no nos veas. Así nos sentimos más libres. Nos divertimos jugando contigo. Nos vendamos los ojos a nosotros mismos con el cuento de que creemos en ti, para así sentirnos más libres, para hacer lo que nos viene en gana. Preferimos apagar la luz para justificar nuestros tropiezos con la vida.

Clemente Sobrado cp.

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