Pensamientos de camino a la Pascua (3ra parte)

Cuaresma camino pascua

15.- «Vosotros lo decís: Yo soy». (Lc 22, 70)
Todo el tiempo has estado callado. No has dicho ni palabra. Han desafiado tu sensibilidad y tú has guardado silencio. Te prendieron y callaste. Te arrestaron y callaste. Se burlaron de ti y callaste. Sin embargo ahora ya no puedes callar. Tú quieres jugar limpio. Ahora está de por medio la confesión de tu identidad. Y ahí el silencio no sirve. Hay momentos en la vida en los que la mejor palabra es el silencio. Y hay momentos en los que el silencio es culpable. Hay momentos en los que no podemos callar. No se puede callar cuando el silencio pueda significar una cobardía culpable. No puedo callar cuando debo confesar mi identidad bautismal. No puedo callar cuando mi hermano sufre injusticia.

16.- «Los Judíos no entraron en el pretorio para no contaminarse
y poder comer el cordero de Pascua». (Jn 18, 28)
Señor, ¿nos creemos que somos originales? Tenemos miedo a contaminarnos entrando en casa de un hombre pagano, pero no tenemos miedo a contaminarnos con tu muerte. Tenemos miedo a ensuciarnos entrando en casa de un pagano, pero no tenemos miedo a ensuciarnos pidiendo sentencia de muerte contra ti. Podemos comer el cordero pascual sometiéndote a ti a nuestras esclavitudes, pero no podemos comerlo si pisamos tierra pagana. Podemos comer el cordero pascual haciéndonos responsables de tu crucifixión y muerte, pero no entrando en contacto con los malos. Podemos comer el cordero pascual matándote, pero no podríamos comerlo si te reconociéramos inocente. Matar al hermano no mancha… Dejarlo morir de hambre no mancha… Crucificarlo con nuestras injusticias no mancha …. ¡Cuánta falsedad, Señor!

17.- «Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley» (Jn 18, 31)
Ya ves, Señor, te llevan como pelota de ping pong. Te llevan de un tribunal a otro. Nadie encuentra nada que justifique tu condena. Sin embargo, todos empeñados en condenarte. Nadie tiene razones para hacerlo. Pero, ¿de qué sirven las razones cuando ya el corazón ha dictado sentencia? ¿De qué sirven las leyes cuando otros intereses están de por medio? ¿No dicen por ahí que «hecha le ley, hecha la trampa»? Muchos que según la ley debieran estar libres ¿no están condenados por eso de la trampa? Y lo peor, Señor, nadie quiere asumir la responsabilidad. Todos te quieren ver muerto, pero todos piden que sean los otros los que te condenen.

18.- «Nosotros no podemos matar a nadie». (Jn 18, 31)
Claro, nosotros no podemos matar a nadie, pero sí podemos hacer que otros maten por nosotros. Nosotros no podemos matar a nadie, pero sí exigimos que otros maten por nosotros. Nosotros no queremos ensuciarnos con tu sangre, pero exigimos que otros se ensucien y se manchen. Es nuestra disculpa de siempre. Salvar nuestra inocencia aunque sea ensuciando la vida de los demás.

19.- «Todo el que es de la verdad, escucha mi voz». (Jn 18, 37)
Señor, ya lo has visto. Nadie te cree. Pilato no se cree a sí mismo. No cree tampoco en la sinceridad de los que te acusan. Pero tampoco te cree a ti. Dudamos de nosotros. Dudamos de los demás. Y dudamos de ti. Ya lo ves, al fin nadie cree con la cabeza. Todos creemos o no creemos con el corazón. Pero para que el corazón crea de verdad necesita de mucha sinceridad. No cree el corazón enredado en la mentira. No cree el corazón enredado en sus propios egoísmos. No cree la cabeza cuando no cree el corazón. Y no cree el corazón cuando falta sinceridad en el corazón.

20.- «¿Qué es la verdad?» (Jn 18, 39)
¿Qué es la verdad? Pregunta demasiado por la verdad quien no busca la verdad. Pregunta demasiado por la verdad quien no está dispuesto a aceptar la verdad. Pregunta demasiado por la verdad quien tiene miedo a la verdad. Demasiado sabemos de la verdad, pero es preferible enredarse en preguntas. Es más fácil preguntar por la verdad que abrirse a la verdad. Hacemos demasiadas preguntas cuando no estamos dispuestos a aceptar las respuestas.

21.- «Ningún delito encuentro yo en él». (Jn 18, 38)
En tu Pasión, Señor, todo parece estar en contra tuya. Todos se hacen acusadores tuyos. Pero tú tienes tu luz propia. Tú no eres de los que necesitan la confesión de los demás para brillar con tu propia luz. En medio de todas esas tinieblas de intereses personales y de mentiras, tú brillas como una luz que la mentira de todos no puede apagar. La verdad brilla, aún en medio de la mentira, como la luz brilla en medio de la noche.

Clemente Sobrado cp.

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