Pensamientos de camino a la Pascua (4ta parte)

CUARESMA - CAMINO HACIA LA PASCUA

22.- «A ése no. A Barrabás». (Jn 18, 40)
Dios puesto al voto. Dios sale perdiendo. No queremos a Jesús. Preferimos a Barrabás. Preferimos no la buena noticia de la salvación, preferimos al salteador de caminos, cuyas manos aún chorrean sangre de homicidio. Cuando hemos sentenciado y condenado a alguien en nuestro corazón, es inútil la inocencia. La inocencia no sirve. Dios y el hombre puestos al voto. El inocente y el culpable puestos al voto. Jesús y un criminal puestos al voto. Señor, ¿alguna vez te pasó por la cabeza que tu vida pudiese quedar al voto de cada uno de nosotros?

23.- «Y mandó azotarlo». (Jn 18, 40)
Las intenciones de Pilato no eran malas. Lo mandaría azotar y así lo dejaría tan maltratado que su figura inspiraría compasión. Así podría liberarlo. Es la lucha entre la conciencia y el miedo. Es la lucha entre la conciencia y las indecisiones. La conciencia le dice que Jesús es inocente. Pero sus miedos e indecisiones le impiden asumir sus responsabilidades. Es la lucha interna entre lo que sabe que debe hacer y las presiones de los intereses personales que tiran para otra parte.

24 .- «Y le daban de bofetadas». (Jn 19, 3)
Cuando se ha perdido el respeto a la persona de los demás, todo es válido. Todo sirve. Cuando los demás están en condiciones de inferioridad, qué fácil nos resulta hacernos los valientes, los interesantes. Disfrutamos humillando a los demás. Disfrutamos viéndolos indefensos y humillados. Incluso abofeteando a Dios. Cuando perdemos el sentido de la persona, no tenemos demasiados reparos en romperle la cara. Ahora comprenderás, Señor, por qué hay tantos rostros, tantas caras desfiguradas … Ahora comprenderás por qué abofeteamos tan fácilmente al hermano …

25.- «Aquí tenéis al hombre». (Jn 19, 5)
Jesús está convertido en un despojo de hombre. Ese es el hombre en manos de los hombres. Eso es lo que queda del hombre cuando los hombres se dedican a destruir al hombre. ¿En qué se parece ese hombre al hombre que Dios quiso y creó? ¿En qué se parecen tantos hombres, nuestros hermanos, al hombre tal y como Dios lo quiere y lo ama? Jesús prototipo del hombre que cae en manos de los hombres. Jesús el modelo del hombre destruido por el hombre. Los hombres nos dedicamos a destruir al hombre que hay en nosotros y al hombre que hay en los demás hombres. Tal vez no le destruimos el rostro. Pero destruimos su verdad de hombre.

26.-«Tomadle vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él». (Jn 19, 10)
La Pasión de Jesús es una mezcla entre la verdad y la mentira, la conciencia y la complacencia. Qué sucia es la conciencia del hombre cuando se trata de meter en ella todo: lo bueno y lo malo, la verdad y la mentira, la sinceridad y el engaño. Además siempre resulta más cómodo culpar a los demás. Es preferible disimular las propias responsabilidades y hacer responsables a los otros. Lo que importa es quedar bien ante la propia conciencia aunque sea ensuciándola para que no nos acuse y condene.

27.- «¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?» (Jn 19, 10)
Es cierto. El hombre tiene demasiados poderes frente a Dios. Incluso el poder de rechazarle. Frente a Dios tenemos el poder de decirle sí y de decirle no. Tenemos el poder de abrirle las puertas de nuestro corazón y de cerrárselas. Tenemos el poder de aceptar su salvación o de rechazarla. Demasiados poderes y a la vez demasiado pobres nuestros poderes. Tenemos el poder de dar la vida. Pero también tenemos el poder de matar. Es la tragedia de todos los corazones. Es la tragedia de nuestra libertad. Podemos salvar y podemos condenar. Podemos sembrar la vida. Y podemos matar la vida.

28.- «Si sueltas a ése no eres amigo del César». (Jn 19, 12)
Ese es el gran dilema. El eterno dilema entre la conciencia y los intereses. El dilema entre la verdad y los intereses económicos. El dilema entre la verdad y el miedo a los de arriba. El dilema entre la inocencia y la compra de la conciencia por unos billetes secretos. Es un riesgo y un peligro enemistarse con el César, con los de arriba, con los que tienen el poder, con los que pueden quitarnos el puesto. Hay demasiadas conciencias compradas. Hay demasiados culpables que han comprado la inocencia que no tienen. Los de arriba son siempre un peligro y un riesgo para la libertad de la conciencia.

29.- «No tenemos más rey que al César». (Jn 19, 15)
En la Pasión de Jesús se van clarificando las cosas. Toda la vida de Jesús fue una constante lucha entre la oferta del nuevo orden, el Reino de Dios y el sistema de los poderosos. Ahora en la Pasión las cosas adquieren su verdadera dimensión. Ellos se declaran anti reino de Dios. Prefieren el sistema del tener y del poder. En la Pasión de Jesús adquieren sentido pleno las dos grandes bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres de espíritu. porque de ellos es el Reino de los Cielos». «Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos».

Clemente Sobrado cp

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