Pensamientos de camino a la Pascua (5ta parte)

30.- «y él cargando con su cruz, salió al lugar llamado Calvario». (Jn 19. 17)
Pilato ya se lavó las manos. Se lo sacó de encima. Logró salvar su situación. Ahora respira tranquilo. La responsabilidad ya no es suya sino de ellos. Y ellos han logrado lo que querían. Felices por el triunfo. Ahora nadie los pondrá al descubierto. Nadie podrá desenmascarar su hipocresía y la mentira del sistema. Jesús carga con su cruz camino del Calvario, que es el camino de quienes han reconocido y aceptado el Reino de Dios y saben que se puede morir por él. No vale la pena sacrificar la vida por el dinero. No vale la pena sacrificar la vida por el poder. Pero sí vale la pena y tiene sentido sacrificar la vida por la verdad del Evangelio.

31.- «Y le seguía una multitud de pueblo y mujeres, que se dolían y se lamentaban». (Lc 23, 27)
El pueblo es siempre la gran víctima del sistema del tener y del poder. El pueblo sencillo pertenece a los que no tienen, a los que carecen de todo. El mismo es víctima del sistema. Camino del Calvario ahí está el pueblo sencillo, también él crucificado por el mismo sistema que condena a Jesús. No es fácil engañar el corazón del pueblo. El pueblo sencillo tiene siempre el corazón abierto a la verdad, a la compasión. El pueblo conoce mucho de justicia precisamente porque él mismo es víctima cada día de la injusticia. Por eso al pueblo le duele. Le duelen los crucificados. Le duelen las mentiras compradas con dinero.

32.- «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen». (Lc 23, 34)
Aún no ha muerto. Y el Reino comienza a dar sus frutos. El poder mata. El amor perdona. Mientras los hombres solucionan sus problemas con la fuerza y la violencia, Jesús los soluciona amando, perdonando. No busca razones para perdonar. Le basta la única razón que tiene su corazón: el amor. El mundo exige razones. La única razón de Dios es amar. La violencia engendra violencia. El amor engendra amor. El odio engendra más odio. El amor engendra más amor.

33.- «A otros salvó, que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios». (Lc 23, 35)
El poder se sirve a sí mismo. No a los demás. Los que crucifican a Jesús tratan de poner a prueba su fidelidad al reino hasta lo último. Buscan que también Jesús caiga en el sistema. Que utilice sus poderes a su favor. Que se salve a sí mismo. Jesús no cae en esa tentación. Jesús utilizará sus poderes para salvar a los demás, no para salvarse a sí mismo. Si los poderes no sirven, ¿para qué sirven los poderosos? Si el poder no sirve a los demás, ¿para qué sirve el poder?

34.- «Jesús acuérdate de mí cuando vayas a tu reino». (Lc 23, 42)’
El sufrimiento como fidelidad al Evangelio nunca es inútil. Tardará en florecer. Pero florecerá. En medio de tanta tragedia, de tanta angustia, dolor y sufrimiento, la crucifixión de Jesús comienza a dar sus frutos. El corazón del buen ladrón se deja ganar por el testimonio y el amor de Jesús. No le reclama que lo baje de la Cruz. Le reclama y le pide la salvación. Le pide la gracia. Le pide que lo haga objeto de su amor redentor. La muerte de Jesús comienza a hacerse vida aún antes de morir. La Cruz comienza a florecer en vida. Del grano que muere ya empieza a brotar el tallo.

35.- «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso». (Lc 23, 43)
Solo hace esperar quien ama poco. Solo hace esperar a mañana quien no ama suficiente hoy. Solo hablan de libertad para mañana quienes viven aún esclavos hoy. Solo hablan de pan para el pobre mañana, quienes son incapaces de renunciar a lo suyo hoy. La muerte de Jesús es amor de hoy y para hoy. Dios siempre es hoy en el corazón del hombre. Dios es posibilidad en el corazón humano hoy. Dios no sabe esperar para mañana, porque Dios es hoy. Solo el hombre vive en el mañana porque se siente incapaz de vivir el hoy. Hoy estarás conmigo en el Paraíso.

36.- «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mc 15, 34)
Es terrible sentirse solo. Sentir que no hay nadie a tu lado. La soledad encoge el espíritu y lo ahoga. Pero más terrible tiene que ser sentir el silencio de Dios en la vida. Duele el silencio de los hombres. Pero el silencio de Dios ahoga. En el Calvario se oyen demasiadas voces. Pero todas son voces humanas, que a la hora de morir no dicen nada, no significan nada. ¿Y Dios? ¿Dónde está Dios en la muerte de Jesús? ¿No había puesto Él toda su confianza en el Padre? ¿Y dónde está ahora el Padre? El Padre calla. No tiene voz. Solo se escucha su silencio. Hay momentos en la vida en los que al corazón solo le queda gritar; ¿dónde está Dios? ¿Existe realmente Dios, dónde está?

Clemente Sobrado cp

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