Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Lunes de la 2da semana – Ciclo A

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

“Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios”. Nicodemo pregunta: “¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer? Jesús le contestó: “Te lo aseguro, el que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios”. (Jn 3,1-8)

Estamos en tiempo pascual. Un tiempo que nos habla no de lo viejo sino de lo nuevo. La Pascua nos habla de los imposibles humanos para mostrarnos los posibles divinos.

Y eso es lo que Nicodemo no logra entender.
El prefiere quedarse con los imposibles humanos a abrirse a los posibles divinos.
Nicodemo no entiende la Pascua.
Entiende lo viejo.
Entiende lo que ya no puede cambiar.
Pero no entiende lo nuevo.
No entiende lo que puede nacer de lo viejo.

Me encanta caminar por el bosque y ver esos troncos caídos pudriéndose, pero de los que brota un vástago, un retoño que dará vida al viejo tronco que se muere.

Nicodemo es ya un viejo tronco de la vieja Ley.
Y no entiende que sea posible nacer de nuevo.
Nicodemo habla todavía el lenguaje humano, porque aún no ha entendido el lenguaje del espíritu.
La ley entiende de lo viejo.
Pero la ley no entiende de lo nuevo.
La ley entiende de la prohibición.
Pero la ley no entiende de ese nuevo germen del Espíritu que hace renovar lo viejo.

Jesús no ha venido a poner remiendos a lo viejo.
Jesús no ha venido a regalarnos “una muerte digna”.
Jesús ha venido a hacernos nuevos, a hacernos renacer y comenzar de nuevo.
Y para Jesús no vale el tiempo.
Porque todo tiempo es válido para nacer otra vez desde dentro.
Incluso si el cuerpo sigue maltrecho, abollado y cascarillado.
Para Jesús siempre es posible volver a ser los “niños del Espíritu”.
Para Jesús siempre es posible comenzar a vivir de nuevo.

Nuestra gran peligro y nuestra peor enfermedad se llama:
“el virus nicomeditis”,
“la fiebre nicomeditis”,
“el cáncer nicomeditis”.
Esa enfermedad de escondernos detrás de los años para justificar nuestro pasado y negarnos a un futuro nuevo.

Para la gracia del Espíritu, los años no son ningún obstáculo.
Se puede nacer de niño y se puede nacer de joven.
Se puede nacer de adulto y se puede nacer de mayor.
El Espíritu nos puede cambiar en cualquier tramo de la vida.
El Espíritu nos puede renovar en cualquier etapa de la vida.
El Espíritu nos puede hacer nacer de nuevo en cualquier tramo del camino.

No pongamos parches a la vida.
No hagamos arreglos a los baches del camino.
No pongamos remiendos a los rotos.
Dios quiere que comencemos de nuevo.
Dios nos quiere niños de nuevo.
Porque Dios nos quiere engendrar de nuevo para que renazcamos de nuevo.
¿Eres joven? Vive a fondo tu juventud.
¿Eres adulto? Sigue renovándote cada día.
¿Eres anciano? Hoy puedes comenzar el camino de nuevo.
Dios no envejece.
Por eso quiere que nosotros seamos cada día más jóvenes.
Morimos cada día.
Y cada día podemos nacer. Dios no usa calendario.

Pensamiento: Quien no renace cada día, cada día está envejeciendo.

Clemente Sobrado cp.

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