Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Martes de la 2da semana – Ciclo A

“Se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado”. (Mc 16,15-20)

Ultimo encuentro de Jesús con los suyos.
Despedida que es un “me voy y me vuelvo”.
Hay despedidas dolorosas.
Hay despedidas dolorosas pero gozosas a la vez.
Hasta aquí llegó el camino humano de Jesús.
Aquí comienza el camino de cuantos creen en El.
“Id al mundo entero”.

No se trata de un “tomad un poco de descanso”.
No se trata de un “recordadme con cariño”.
No se trata de un “sed buenos”.

Les había dicho “haced esto en memoria mía”.
Les había dicho “lavaos también los pies unos a otros”.
Les había dicho “amaos como yo os he amado”.
Ahora les dice: “Id al mundo entero”.
Ahora les manda olvidarse de los sillones.
Ahora les manda olvidar de su tranquilidad.
Ahora les manda olvidarse de su casa.
Ahora les manda a los caminos del mundo.
Ahora les manda a recorrer el mundo.
Ahora les manda a caminar al encuentro de todos los hombres.
Ahora les manda a abrir caminos por todo el mundo.

Esa es la misión:
Hacer caminos.
Abrir caminos.
Andar caminos.
Salir al encuentro de los hombres que buscan.
Salir al encuentro de los hombres que viven en la oscuridad.
Salir al encuentro de los hombres que se sienten satisfechos.
Salir al encuentro de los hombres que necesitan encontrarse con el Evangelio.

“Proclamad el Evangelio”
Es la hora de los pies andando caminos.
Es la hora de la palabra que anuncia la Buena Noticia.
Es la hora de la palabra que resuena en todo el mundo anunciando el Evangelio
Es la hora de poner a los hombres ante el reto de la fe.
Es la hora de poner a los hombres ante la decisión de creer.
Es la hora de poner a los hombres ante el desafío de creer.
Es la hora de poner a los hombres ante la disyuntiva de salvarse.
Es la hora de la palabra.

Esta es la misión de la Iglesia:
No la de instalarse sino la de vivir desinstalada.
No la de quedarse donde está, sino ir a donde están los otros.
No la de callar sino la hablar.
No la de silenciar a Dios sino proclamar a Dios a los cuatro vientos.
No la de quedarse entre los buenos, sino de llegar a todos.

Y mientras escribo:
Estoy pensando en tantos misioneros esparcidos por el mundo.
Estoy pensando en tantos misioneros anunciando el Evangelio en todas las lenguas.
Estoy pensando en aquellos cuatro misioneros ahogados en el río, alguno de los cuales no pudo ser hallado en las turbulentas aguas y las pirañas.
Estoy pensando en tantos cristianos que han entregado sus vidas al servicio del Evangelio.
Estoy pensando en esos padres de familia, primeros evangelizadores de sus hijos.
Estoy pensando en tanto sacerdotes y religiosos perdidos en miles de pueblitos sembrando con su palabra y su vida el Evangelio a la gente sencilla.

Y todo, fruto de aquel “Id al mundo entero”.
Porque el que cree tiene por nación, el mundo.
Porque el que cree tiene por familia, la humanidad entera.
Porque el que cree tiene como única verdad, el Evangelio.

Clemente Sobrado cp.

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