Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Sábado de la 2da semana – Ciclo A

“Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, se asustaron. Pero él les dijo: “Soy yo, no temáis”. (Jn 6,16-21)

La Iglesia no siempre camina por autopistas.
La Iglesia tiene más de frágil nave que de Ferrari Formula 1.
El mundo, como mar por donde navega la Iglesia, no siempre está sereno.
Por eso, la Iglesia tiene momentos difíciles.
Por eso, la Iglesia tiene momentos de oscuridad y zozobra.
Y la Iglesia no siempre siente visiblemente la presencia de Jesús en ella.
Tiene momentos de oscuridad y lucha en el peligro.

Nuestros días no suelen ser los mejores de la Iglesia.
No suelen ser días en los que la Iglesia encuentra paz y serenidad.
Sino días en los que el oleaje humano se vuelca contra ella.
Días de oscuridad por fuera.
Días de oscuridad por dentro.
Dios en los que aparece más lo humano que lo divino de la Iglesia.
Dios en los que aparece más el pecado que la gracia.
Dios en los que aparece más la crítica que la certeza.

Vivimos esos momentos nocturnos:
Nocturnos para la autoridad de la Iglesia.
Nocturnos para los creyentes en la Iglesia.
Nocturnos para las instituciones de la Iglesia.
Nocturnos que hablan más de los defectos de la Iglesia que de su santidad.

Y uno se pregunta:
¿No es esta la Iglesia de Jesús?
¿Y dónde está Jesús en la Iglesia?

Son momentos de tormenta.
Son momentos de oscuridad.
Son momentos de crisis internas.
Son momentos de crisis externas.

Pero son momentos buenos.
Porque, por más oscuridad que exista en la Iglesia ahí está Jesús caminando por encima de todas esas tormentas.
Porque, por más oscuridad que exista en la Iglesia ahí está Jesús gritándonos de madrugada: “Soy yo, no tengáis miedo”.

No me gusta una Iglesia demasiado pacífica y tranquila.
No me gusta una Iglesia sin crisis internas y externas.
No me gusta una Iglesia segura y aplaudida.
No me gusta una Iglesia de aguas tranquilas.
Prefiero una Iglesia que pasa sus noches oscuras.
Prefiero la Iglesia del Papa Francisco: una Iglesia de caminos, incluso con los vestidos sucios.
Prefiero una Iglesia criticada.
Porque esa es la Iglesia de los hombres.
Porque, aunque nos sintamos solos, Jesús termina por aparecerse.
Porque, aunque parezca que se hunde, es cuando la Iglesia renace.
Porque, hasta esas crisis son buenas porque son fuente de renovación.

Las nubes oscurecen el cielo.
Pero también prometen la lluvia para el campo.
La noche es oscura, pero nos permite dormir mejor.
Todavía no sé por qué las flores se abren mejor de noche.
No tengamos miedo a las tormentas.
No tengamos miedo a las noches oscuras.
Allí donde lo humano se oscurece, es cuando Jesús se hace más presente.

Clemente Sobrado cp.

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