Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Lunes de la 3ra semana – Ciclo A

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

“Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo le preguntaron: “Maestro, ¿Cuándo has venido aquí?” Jesús les contestó: “Os lo aseguro, me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura hasta la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, pues a este ha sellado el Padre Dios”. ( Jn 6,22-29)

¿Por qué buscamos a Jesús?
¿Por qué buscamos a Dios?
¿Por qué buscamos a la Iglesia?
¿Por qué buscamos la fe?

La condición humana es de búsqueda.
Y toda búsqueda nace de las necesidades del corazón.
Y toda búsqueda nace de nuestras carencias.
Y toda búsqueda nace de nuestros vacíos.

Por eso no me gustan los hombres satisfechos, que se sienten tranquilos.
Me gustan los hombres insatisfechos que viven en actitud de búsqueda.
No me gustan los hombres que creen saberlo todo, sino que buscan la sabiduría.
No gustan los hombres que creen poseer la verdad, sino los que la buscan.
No me gustan los hombres que creen tenerlo todo, sino los que sienten sus carencias y las buscan.
No me gustan los hombres que se sienten buenos, sino los que tratan de serlo.
No me gustan los hombres que creen que han llegado hasta el final, sino los que camina para llegar.
No me gustan los hombres satisfechos sino los que siempre están en camino.

Pero, no toda búsqueda es la correcta.
Con frecuencia buscamos lo que es incapaz de dar sentido a nuestras vidas.
Con frecuencia buscamos equivocados:
Buscamos evadirnos los problemas en la droga o el alcohol.
Buscamos nuestra felicidad en el placer de los sentidos.
Buscamos nuestra felicidad en el tener o en el poder.

Por eso Jesús, les advierte a aquellos que le buscan:
Que sus motivos son estomacales y ni espirituales.
Que sus motivos son demasiado terrenales y poco eternos.
“Me buscáis, no porque habéis visto los signos, sino porque habéis llenado vuestros estómagos”.

Se puede buscar a Dios sencillamente para que solucione nuestros problemas.
Se puede buscar a Dios sencillamente para que nos consiga un trabajo.
Se puede buscar a Dios sencillamente para que sane de nuestras enfermedades.

Jesús es muy claro:
Me buscáis por el pan que llena vuestros estómagos.
Pero no me buscáis por “por el alimento que perdura para la vida eterna”.
Me buscáis como panadero.
Pero no me buscáis como pan de vida.
Me buscáis por el pan que vosotros mismos sembráis y hacéis.
Pero no me buscáis por el pan que soy yo y quiero darme en eucaristía.

Los motivos por los que buscamos a Dios pueden ser múltiples:
Pero no todos responden a lo que Dios quiere.
Le podemos buscar para que solucione nuestros problemas.
Y no buscarle porque nos ama.
Le podemos buscar porque nos regala una buena cosecha.
Y no buscarle porque nos ha regalado a su Hijo único.
Le podemos buscar porque nos ha regalado con la lotería.
Y no buscarle porque nos ha revelado su corazón.
Podemos buscarle porque algo nos ha salido bien.
Y no buscarle porque nos ha manifestado la dignidad de cada hombre.

Por eso, en este Año de la fe”, nuestra fe necesita:
Ser mejor conocida.
Ser mejor purificada.
Ser mejor vivida.
Ser mejor celebrada.
Es preciso “ver signos” y no solo necesidades.
Es preciso “ver señales” y no solo nuestros intereses.

Clemente Sobrado cp.

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