Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Martes de la 3ra semana – Ciclo A

“Dijo la gente a Jesús: “¿Y qué signo vemos que haces tú para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo”. Jesús les replicó: “Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo”. (Jn 6,30-35)

“¿Qué signo vemos que haces tú para que creamos en ti?”
Resulta curioso.
Siempre somos nosotros los que le exigimos pruebas a Dios.
Siempre somos nosotros los que le exigimos señales a Dios.
Siempre somos nosotros los que le exigimos razones a Dios.
Siempre es El, el que tiene que justificarse ante nosotros.
Siempre es El, el que tiene que justificar nuestra fe en él.

Es Dios el que tiene que dar razón de sí mismo.
Es Dios el que tiene que hacerse creíble ante nosotros.
Es Dios el que tiene que demostrar que vale la pena creer en El.
Es Dios el que tiene que justificarse ante nosotros.

¿No tendría que ser al revés?
¿No tendremos que ser nosotros los que justifiquemos nuestra fe en El?
¿No tendremos que ser nosotros los que tendremos que dar razón de nuestra vida ante El?
¿No tendremos que ser nosotros los que tenderemos que demostrar la verdad de nuestra vida ante El?
¿No tendré que ser yo quien justifique el don de mi vida?
¿No tendré que ser yo quien justifique el don de mi Bautismo?
¿No tendré que ser yo quien justifique el don de mi vocación cristiana?
¿No tendré que ser yo quien justifique el don de mi vocación religiosa y sacerdotal?

“No fue Moisés quien os dio el pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo”.
Ahí está nuestra tentación.
Nos resulta más fácil creer que las cosas nos vienen de los hombres.
Y no regalo de Dios.
Nos resulta más fácil creer que la felicidad nos viene de los hombres.
Y no como regalo de Dios.
Nos resulta más fácil creer que la vida nos viene de nuestros padres.
Y como don de Dios.
Nos resulta más fácil creer que somos nosotros quienes hacemos las cosas.
Y no que es Dios en el que actúa en nosotros.
Nos resulta más fácil creer que somos inteligentes por nosotros mismos.
Y no el que sea Dios quien nos hace inteligentes.
Nos resulta más fácil creer que somos nosotros los que amamos.
Y no el que el amor procede de Dios y lo derrama en nuestro corazón con el don del Espíritu Santo.

Por eso también nos resulta más fácil creer en el pan que nosotros horneamos.
Que no en el pan que Dios nos regala en la Eucaristía.
Por eso también nos resulta más fácil preocuparnos del pan que compramos en la panadería.
Que no creer en el pan que a diario nos regala en la comunión eucarística.
Por eso también nos preocupa más el que no nos falta el pan de la mesa.
Que no el acercarnos a recibirle y comerle a El en la comunión.

Y esto es lo maravilloso de Dios.
Hace las cosas sin hacer ruido.
En tanto que nosotros todo lo hacemos ruidosamente.
No me dirán que no es estupendo y maravilloso que los dones que, con frecuencia nos vienen de los hombres, en realidad son dones de Dios.
Por eso bendigo las manos del cirujano que nos extirpa un tumor.
Primero la pedimos a Dios que todo salga bien. Pero luego son las manos del cirujano las que nos operan. ¿Son también ellas manos de Dios?

Clemente Sobrado cp.

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