Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Jueves de la 3ra semana – Ciclo A

“Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ese ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. (Jn 6,44-51)

Un Evangelio que puede prestarse a equivocaciones.
Daría la impresión de que la salvación depende de los caprichos del Padre. Solo los atraídos por el Padre puede creer en Jesús.
Sin embargo, Juan nos pone la clave ahí mismo.
Dios no es un voluntarista.
El camino de la salvación está, no en los caprichos del Padre, que constantemente confiese que quiere que todos se salven.
El camino está en “escuchar al Padre”.
El camino está en “aprender de Jesús”.

Escuchar a Dios.
Hacerle un hueco en nuestro corazón.
Escuchar esa palabra interior.
Escuchar esa palabra de Jesús que es también Palabra del Padre.
Juan mismo llama a Jesús “Palabra”.
De ahí, la importancia de la escucha de la Palabra, como camino a Jesús y como camino al Padre.

La palabra es el medio de comunicarnos entre nosotros.
La palabra es el medio de comunicarse Dios en Jesús.
La palabra es el medio de comunicarse Jesús en nosotros.
No se trata de una palabra cualquiera.
Se trata de una palabra reveladora de Dios y del camino hacia Diois.
Por eso nosotros nos definimos ante Dios:
Escuchando su Palabra.
Creyendo en su Palabra.
Celebrando su Palabra.
Viviendo su Palabra.

Y un anuncio sorpresivo: “el que cree tiene vida eterna”.
No es una promesa de futuro.
No es una promesa para después.
Es una promesa para hoy y para ahora.
“Creer en la palabra es ya poseer la vida eterna ahora”.
Es la gran importancia de la palabra.
Es la gran importancia de los efectos de la palabra ahora.

Y la gran palabra de Dios es Jesús mismo.
Y la gran palabra de Jesús res él mismo, “hecho pan vivo bajado del cielo”.
La palabra es el pan diario de Dios.
Y Jesús hecho pan es la palabra de vida de Dios.

Y esa palabra no es simplemente comunicadora de ideas y pensamientos.
Comer la “palabra hecha pan” es comunicadora de vida eterna.
Comer esta “palabra-pan” es el gran regalo de Dios: “la vida eterna”.
Eucaristía y palabra son los dos centros de la Iglesia.
“Pan y palabra” son los dos ejes sobre los que gira y vive la Iglesia.
“Pan y palabra” son los dos ejes de la vida del cristiano.
“El que coma de este pan, vivirá para siempre”.
La palabra se hace pan.
Y el pan se hace carne.
Y palabra, pan y carne se hacen “vida para siempre”.

En el mundo hay demasiadas muertes.
En el mundo se habla demasiado de la muerte.
Y en el mundo “existe la vida”.
Y en el mundo “hay vida” y viva verdadera.

El mundo no es ese que nos traen cada mañana los periódicos ensangrentados de tanta muerte.
El mundo, aún sangrante de tanta muerte, es un mundo que tiene vida.
Mientras exista la palabra de Dios, el mundo tiene mucha vida.
Mientras exista la palabra hecha pan, el mundo tiene mucha vida.
Mientras exista la palabra hecha carne, el mundo tiene mucha vida.
El mundo no está muerto, por más muertos que causemos cada día.
El mundo tiene vida y está vivo en la Palabra de Dios hecha pan y hecha carne “para la vida del mundo”.

Clemente Sobrado cp.

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