Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Lunes de la 4ta semana – Ciclo A

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

“Dijo Jesús: “Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir el lobo, abandona las ovejas y huye. Yo soy el buen Pastor, que conozco las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre: yo doy mi vida por las ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este rebaño, también las tengo que traer y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor”. (Jn 10, 11-18)

Hoy lunes continúa la parábola del Buen Pastor.
De alguna manera nos está diciendo:
La necesidad de buenos pastores.
La importancia de buenos pastores.
Lo esencial del buen pastor.

Y establece varias condiciones:
La principal: “el buen pastor da la vida por las ovejas”
La segunda: tiene que conocer a sus ovejas.
Ellas tienen que conocerle.
Ha de conocerlas como el Padre le conoce a Jesús y Jesús al Padre.
Y además no encerrarse en su propio redil, sino preocuparse de las que están fuera y a las que también hay que invitar al rebaño.

Estoy pensando en dos hechos.
El primero en lo que escribió A. Camas en su Libro “La Peste”.
La gente se iba muriendo por la peste.
El Dr. Rieux era el único médico que quedaba en el pueblo.
Nadie conseguía visa para salir y escaparse de la peste.
Pero un día el Dr. Rieux consiguió la visa para huir a Francia.
Y se lo dijo a un amigo. Y este le respondió:
“Doctor Rieux, no es vergonzoso ser feliz. Lo vergonzoso es que solo se piense en la propia felicidad y no en la de los demás”. Y el Doctor se quedó.

El segundo dato, ya no es de novela sino realidad histórica. Mons. Eugenio Bossilkov, Obispo Pasionista, estaba perseguido por el Partido Comunista de Bulgaria. En 1948 logró hacer una visita a Roma, pero seguido por la policía secreta.
A fines de septiembre celebró la misa de despedida a la Comunidad de los Santos Juan y Pablo, casa central de los Pasionistas. Todo el mundo le aconsejaba quedarse en Roma. Que en Bulgaria corría peligro de muerte. A lo que él respondió: “Si tengo el valor de vivir, también debo tenerlo para morir, el Pastor no puede dejar abandonado a su rebaño que está corriendo la misma suerte”.
El 15 de agosto de 1952, muy de madrugado, lo llevaron preso. Nadie supo nada de él, hasta que en noviembre le hicieron el juicio popular y la noche del 12 al 13 lo fusilaron, haciendo desaparecer su cuerpo. Juan Pablo II lo beatificó.

El buen pastor:
Tiene que conocer a sus ovejas y sus problemas.
Tiene que estar con sus ovejas y caminar con ellas.
Tiene que oler a rebaño.
Y tiene que estar dispuesto a sacrificar su vida por sus ovejas.

Es posible que no todos tengan que llegar al martirio.
Pero todos tienen que dar su vida diariamente por su rebaño.
Corriendo la suerte de sus fieles.
Viviendo como viven sus fieles.
Compartiendo su vida con sus fieles.
Compartiendo las mismas necesidades con sus fieles.
Pasando las mismas dificultades de sus fieles sin privilegios particulares.
Ensuciando sus zapatos en los mismos arenales donde muchos de sus fieles andan descalzos.

Y no puede jugar a fulbito con el pequeño grupo que asiste a la Iglesia.
Tienen que jugar en el amplio campo de fútbol y ver que las graderías están repletas, pero están fuera del rebaño.

Al buen pastor tiene que dolerle el sufrimiento y las luchas de fe del pequeño rebaño.
Pero su corazón tiene que llorar por “las otras ovejas que no son de este rebaño”.

Clemente Sobrado cp.

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