Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Miércoles de la 4ta semana – Ciclo A

“El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas”. (Jn 12,44-50)

Luz del mundo

Jesús no es el final del camino.
Jesús es el camino que lleva al Padre.
La misión de Jesús no es él mismo.
La misión de Jesús es revelar y manifestar al Padre.

Hay cosas que parecen sencillas y sin importancia, pero ¡qué importantes son!
¡Qué importante es una señalización de curva en una autopista!
¡Qué importante es una flecha en el camino que nos señala la dirección!

En una ocasión veía una película donde los indígenas se internaban en una selva desconocida. Y a la medida que caminaban iban rompiendo ramitas o dejando lacitos en las ramas, para que acertar luego con el regreso.

Ser señal puede parece insignificante.
Pero ser señal es llevarnos hasta la meta, hasta el final del camino.
Jesús mismo se presenta, no como la meta y final del camino.
Sino como una señal que nos indica el camino del Padre.
“El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado”.
“El que me ve a mí ve al que me ha enviado”.

Me viene al recuerdo algo que leí de aquella chica madrileña que veraneaba todos años en Irán y que en su diario dejó escrito: “Madre mía (se refería a la Virgen) que quien me mire a mí, te vea a ti”.

El cristiano y la Iglesia misma no son el final del camino.
Son sacramentos, señales, signos de algo que va más allá: el Reino de Dios.
Nosotros no somos Jesús, pero podemos ser sus signos.
Nosotros no somos la salvación, pero podemos ser sus signos.
Nosotros no somos Dios, pero sí podemos ser las señales que indican donde encontrarlo.
Que quien nos vea a nosotros, le vea a El.
Que quien nos vea a nosotros, vea el Evangelio.
Que quien nos vea a nosotros, vea el Reino de Dios.
Que quien nos vea a nosotros, vea y descubra el amor del Padre.

“Yo he venido al mundo como luz, así el que crea no andará en tinieblas”.
La linterna no sea alumbra a sí misma.
Pero sí al que la lleva encendida.
Es curioso que Jesús nos haya dicho en alguna ocasión que “vosotros sois la luz del mundo”.
No somos luz para nosotros.
Somos luz para los demás.
Somos luz para que otros vean.
Somos luz para que otros descubran el camino.
Somos luz para otros no tropiecen.
Somos luz para que otros no caminen en la oscuridad.

¿Nos os parece maravilloso el que Jesús nos haya hecho sus signos y su luz?
¿Recuerdan lo que otras veces he escrito sobre aquel ciego que caminaba por la noche con la linterna encendida?
Al encontrarse con un amigo, éste le pregunta:
– ¿Y para que llevas encendida la linterna si tú eres ciego?
La respuesta fue linda:
– “Yo sí, pero tú no. Y yo la llevo encendida para que tú no tropieces”.
¿Seremos nosotros esa linterna que alumbra para que otros puedan ver y no tropiecen?
Será la mejor profesión.
Ser luz y será el mejor servicio para que otros caminen en la luz y no tropiecen.

Pensamiento: Aunque tú no veas, haz que otros puedan ver.

Clemente Sobrado cp.

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