Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Jueves de la 5ta semana – Ciclo A

“Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”. (Jn 15,9-11)

¿Os habéis detenido alguna vez a contemplar esas cascadas que bajan de las montañas al valle?
Toda una belleza.
Todo un espectáculo.
Aguas cristalinas despeñándose por las laderas de las montañas hasta hacer un pequeño lago en el valle.

¿Queréis ahora contemplar otra cascada todavía más bella y hermosa?
Jesús la describe de una manera sencilla pero que alegra el corazón:
El amor del Padre cae en cascada hasta Jesús.
El amor de Jesús cae en cascada hasta nosotros.
El amor de nuestro corazón cae en cascada en el corazón de los hermanos.

Es la cascada del amor del Padre que desciende al corazón de Jesús: “como el Padre me ha amado”.
Es la cascada del amor de Jesús que desciende hasta nuestro corazón: “así os es amado yo”.
Es la cascada de nuestro amor que desciende a cada uno de nuestros hermanos: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Y es la cascada de amor que regresa montaña arriba hasta el Padre: “y permanezco en su amor”
Y es la cascada de amor que regresa montaña arriba hasta Jesús: “permaneceréis en mi amor”.
Toda una belleza de amor.
Toda una belleza de comunión
Del Padre con Jesús.
De Jesús con el Padre.
De Jesús con nosotros.
De nosotros con Jesús.
De nosotros con nuestros hermanos.

Si es bello contemplar como el agua se despeña por las rocas hasta llegar al valle, ¡cuánto más bello no será contemplar esa cascada del amor de Dios descendiendo hasta Jesús y de Jesús a nosotros y de nosotros al valle de todos los hombres!

Una cascada de amor se convierte en la obediencia de Jesús al Padre: “lo mismo que yo ha guardado los mandamientos del Padre”.
Una cascada de amor que se convierte en obediencia de cada uno de nosotros a Jesús: “Si guardáis mis mandamientos”. Y su mandamiento ya lo conocemos “amaos”.
Nada de imposición de la ley.
Nada de obligaciones de la ley.
Sí simple exigencia del amor.
Esa es la moral cristiano.
No la moral de los mandamientos.
Sino la moral del amor.
No la moral del miedo al pecado.
Sino la moral como respuesta al amor.
No la moral de la autoridad que se impone.
Sino la moral del Padre que ama.
La moral de los hijos que amamos.

Es la moral no del miedo y la resignación.
Sino la moral del amor y de la alegría.
Una moral que nos lleva no a esas alegrías baratas de un traguito, que se acaban cuando se evapora el alcohol.
Sino la moral de la alegría plena.
Porque es la alegría de la comunión en un mismo amor.
El mismo amor del Padre a Jesús, termina siendo el mismo amor con que Jesús nos ama.
Y este amor termina siendo el amor con que cada uno de nosotros nos amamos unos a otros.

Pensamiento: Hagamos de nuestras vidas cascadas de amor que lleven la alegría plena a nuestros hermanos.

Clemente Sobrado cp.

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