Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Martes de la 6ta semana – Ciclo A

“Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que me vaya; porque si me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy os lo enviaré”. (Jn 16,5-11)

Toda despedida tiene siempre algo de nostalgia.
Sentimos pena cuando alguien tiene que alejarse de nosotros.
Sentimos pena cuando uno de los hijos abandona el hogar porque se va a crear uno nuevo.
Sentimos pena cuando alguien se nos va porque es llamado por el Padre.

Sin embargo, hay despedidas que, aunque duelan en el corazón, son convenientes y necesarias. Los hijos no han crecido para quedarse siempre con los padres. También ellos están llamados a formar una nueva familia.

Es lógico que los Discípulos sientan la nostalgia del anuncio de que Jesús se les va y se está despidiendo.
Pero, Jesús mismo reconoce y lo dice que “os conviene que me vaya”.
No sólo es el regreso de Jesús a su condición divina, de donde vino por la encarnación.
Es también conveniente para que su obra se complete en ellos con la venida del Espíritu Santo, al que él llama Defensor.

Nos conviene que Jesús se vaya, pasando por el trance de la muerte, para así revelar plenamente el amor del Padre
Nos conviene que Jesús se vaya, porque su obra quedaría incompleta hasta que recibamos el don del Espíritu Santo.
Nos movemos en un clima trinitario:
El Padre que envía al hijo.
El Hijo que se hace uno de nosotros y anuncia el Reino.
El Espíritu Santo que completará la obra de Jesús en nosotros, haciéndonos hombres nuevos.

El Padre no es de lo que sueña con algo grande en los hombres.
Es el que realiza sus sueños a través del Hijo y del Espíritu Santo.
El Padre, a pesar de lo mal que lo pasó el Hijo en medio de nosotros, proseguirá su obra mediante el Espíritu.
El Padre no es lo que sueña cosas grandes y luego quedan en sueños bonitos.
El Padre no es de los que comienza algo, y luego lo deja a medio camino.
El Padre es el que lleva a cabo los sueños de su corazón hasta el final.

Jesús se va, pero como les dijo, volverá para estar a su lado.
Pero ahora, será en compañía del Espíritu Santo.
Y esa es la Iglesia:
Sacramento de Hijo que vive en ella, porque es suya.
Sacramento del Espíritu santo que es como el alma que la renueva, la ilumina y la actualiza cada día.

Dios no deja al hombre solo, condenado a su suerte.
Dios se hace compañero del hombre.
Dios se hace caminante con el hombre.
Muchas veces ocultará su rostro, pero estará ahí.
Muchas veces dará la impresión de dejarnos solos, pero estará a nuestro lado.
Y sobre todo, tenemos la seguridad de que el Defensor, será como la savia secreta que:
Nos dará vida.
Nos calentará interiormente en nuestros fríos espirituales.
Nos iluminará interiormente en nuestras oscuridades.
Nos fortalecerá en nuestras debilidades.
Mantendrá viva la llama del amor.

Jesús termina su obra, pero dejando viva la esperanza.
Jesús termina su obra, pero dejándonos su Espíritu.
Jesús termina su obra, pero para que nosotros lo continuemos.
Jesús termina su obra, pero para que nosotros la actualicemos.
Jesús termina su obra, pero para que nosotros la hagamos contemporánea.

Pensamiento: Todos vivimos despidiéndonos. Nos despedimos de la niñez. Nos despedimos de la adolescencia y juventud. Nos despedimos de la madurez. Y nos despediremos, cuando él venga a buscarnos, de nuestra ancianidad.

Clemente Sobrado cp.

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