Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Jueves de la 6ta semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Dentro de poco ya no me veréis pero poco más tarde me volveréis a ver” Comentaron entonces algunos discípulos: “¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver, y eso de “me voy al Padre?” Y se preguntaban: “¿Qué significa ese “poco”? (Jn 16,16-20)

Hay momentos, en estos discursos de la Ultima Cena, que dan la impresión de un diálogo de una madre con sus hijitos.
– “Hijitos, quedaos aquí un ratito que enseguida vuelvo”.
– “Portaos bonito”.
– Es un ratito no más.

Algo parecido hace Jesús con los suyos.
¿Sabéis? Me voy por poquito de tiempo.
Pero, estaos tranquilos, que vuelvo enseguida.
Por unas horas, no me vais a ver, porque voy al Padre.
Pero serán solo unas horas, porque volveré y me veréis de nuevo.
¡Con qué delicadeza les anuncia Jesús las horas de su Pasión y Muerte!

Pero los Discípulos hace tiempo dejaron de ser niños.
Ya su cabeza piensa las cosas, por eso no entienden nada.
Acostumbrados a que Jesús les dedicaba todo su tiempo, y apenas los dejaba solos, ahora no logran entender por qué los vaya a dejar por unas horas.
La verdad que uno siente como si fuesen niños pequeños que aún no saben estar ni caminar solos.

Aún no han madurado lo suficiente:
Como para ser ellos mismos.
Como para valerse por sí mismos.
Como para caminar por ellos mismos.
Incluso la tierna explicación que Jesús les da, no logran entenderla.

¿No es también esto lo que nos suele suceder a nosotros?
Fácilmente nos acostumbramos a sentir la presencia de Dios a nuestro lado.
Fácilmente nos acostumbramos a ese gozo espiritual de experimentar la cercanía de Dios.
Fácilmente nos acostumbramos a esos momentos de alegría de nuestra fe.
Fácilmente nos acostumbramos a esos momentos de sentir que todo nos sale bien.
Fácilmente nos acostumbramos a esos momentos en los que todo sale a nuestro gusto.

Pero, igualmente, pronto comenzamos a desconcertarnos:
Cuando sentimos que la fe se nos va, se nos apaga, porque sentimos frío el corazón.
Cuando sentimos que Dios, pareciera que ya no nos escucha, por más que le pedimos.
Cuando sentimos que Dios, diera la impresión de no hacernos caso.
Cuando sentimos que el sufrimiento nos tiene postrados y Dios ni se da por enterado.
Cuando sentimos que, a pesar de nuestras oraciones, nuestras Misas y comuniones, todo nos sale mal.

Tampoco nosotros logramos comprender esas pocas horas de “pasión y de cruz” que con frecuencia suenan en el reloj de nuestras vidas.
Tampoco nosotros logramos comprender esas “aparentes ausencias” de Dios.
Porque también en nuestras vidas hay “nuestras horas de pasión”.
También en nuestras vidas hay “nuestras horas de cruz”.
Y el cielo de nuestro corazón aparece nublado.
Y surgen los ¿por qué?
Y no encontramos respuesta alguna.

Sin embargo, como dice Jesús: “lloraréis y os lamentaréis”.
Y mientras tanto, vemos como otros que ni creen, ni oran, ni van a Misa, ni comulgan, dan la impresión de pasárselo “bomba”.
Y nos olvidamos que esas nubes que oscurecen nuestro espíritu, el viento las llevará.
Y volveremos a contemplar radiante el sol pascual que nos ilumina y nos devuelve la alegría de nuestra fe.
La vida ni todos los días son de fiesta ni todos son laborables.
No todos los días son primaverales, pero tampoco invernales.
Las nubes oscurecen el día. Pero el sol volverá a iluminarlo todo.

Pensamiento: Los vacíos del espíritu duran un momento, la alegría del Espíritu permanece para siempre.

Clemente Sobrado cp.

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