Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Sábado de la 6ta semana – Ciclo A

“Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre”. (Jn 16,23-28)

Aquí en la vida solemos necesitar en enchufes, de intermediarios, de alguien que nos ayude a abrir las puertas de los de arriba, a donde nosotros no podemos llegar.

San Pablo de la CruzCuando San Pablo de la Cruz, Fundador de los Pasionistas, escribió su primera Regla y decidió fundar la Congregación, lo primero que hizo fue ponerse en camino del Vaticano (entonces El Quirinal) para hablar personalmente con el Papa. Cuando la guardia lo vio como un mendigo, lo echó lejos a puntapiés. Desilusionado fue a sentarse en las Cuatro Fuentes y a comerse el último mendrugo de pan que le quedaba.
Los Santos creen que las puertas del Vaticano están abiertas a todos, también a los mendigos. Pero Pablo se dio con la sorpresa de que sus puertas sólo estaban abiertas para los de arriba, para los grandes. No para los santos con facha de mendigos.

Con frecuencia, a nosotros nos sucede algo parecido con Dios.
Buscamos a todos los intercesores posible para que nos escuche.
Por eso hay tanto Santo por ahí cuya misión es hacer milagros cada día.
Y por eso existen tantas “cadenas de oraciones” a este o aquel Santo, como garantía infalible de que Dios nos hará caso.

Me encanta lo que Jesús dice a sus discípulos: “y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros”. Y nos da la mejor de las razones y esperanzas: “Pues el Padre mismo os quiere”.
Ante Dios no necesitamos de enchufes.
Ante Dios no necesitamos de recomendaciones.
Ante Dios no necesitamos de influencias.
Nos basta una sola cosa: “Dios nos quiere”. “Dios nos ama”.

El amor no necesita de influencias o recomendaciones.
El amor es suficiente para escucharnos, oír nuestros sufrimientos y nuestras necesidades.
No hace falta que nadie se lo vaya a contar a Dios para que se compadezca de nosotros.
El amor del Padre tiene ojos suficientemente abiertos como para ver nuestra realidad.
El amor del Padre tiene ojos suficientemente claros para ver nuestras necesidades.
El amor del Padre tiene ojos suficientemente vivos como para atendernos, incluso antes de que se lo pidamos.

Nuestra mejor recomendación para que el Padre nos escuche y atienda será siempre:
Nuestro amor a su Hijo Jesús.
Nuestra fe en su Hijo Jesús.
Nuestro amor a aquellos en necesitados en los que Jesús se encarna.
Nuestro amor a aquellos que tienen hambre y sed y les damos de comer y beber.
Nuestro amor a aquellos que están desnudos y nosotros vestimos.
Nuestro amor a aquellos que están enfermos y nosotros acompañamos.
Nuestro amor a aquellos que están en la cárcel y nosotros visitamos.

El Padre no necesita que le enviemos recomendaciones.
Le basta el amor de su corazón.
Nosotros no necesitamos enviarle recomendaciones.
Basta que amemos de verdad a Jesús, su Hijo, y todo lo que su Hijo ama.

La base y fundamento de nuestra oración no puede ser otra que nuestra fe y nuestro amor.
El que ama escucha.
Al que ama el Padre le escucha.
La mejor voz de nuestra oración será siempre la fe y el amor.

Pensamiento: Olvídate de tantas “cadenas milagrosas” y pon un poco más de amor en tu corazón. Ahí está la eficacia de tu oración.

Clemente Sobrado cp.

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