Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Lunes de la 7ma. semana – Ciclo A

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

“¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor; yo he vencido al mundo”. (Jn 16,29-33)

Los discípulos creen que, por fin, ya han comprendido a Jesús.
Hasta llegan a imaginarse que ya no necesitan hacerle preguntas.
Todo les parece que está claro.

¿Nunca has sentido la misma experiencia?
Llega un momento en tu vida en que te imaginas que tu fe está clara.
Te imaginas que ya no necesitas saber más, pues ya conoces lo suficiente.
Te imaginas que ya no es necesario profundizarla más ni hacer preguntas.

Sin embargo, Jesús plantea el verdadero reto de la fe.
Es fácil creer en él mientras todavía luce el sol.
Es fácil creer en él mientras todo nos sale bien y todo está claro.
Jesús lo ve de otra manera:
La verdadera fe tiene que pasar por la noche de la Pasión.
La verdadera fe tiene que pasar por las oscuridades de la Cruz.
La verdadera fe tiene que pasar por “la hora de Jesús”, que es su muerte.

La Pasión y la Cruz ponen a prueba nuestra fe.
Las pruebas y los momentos difíciles son los que ponen la firma de Dios a nuestra fe.
Y la realidad le dio la razón a Jesús:
La Pasión fue la hora de la dispersión.
La Pasión fue la hora en la que le abandonaron y dejaron solo.
E incluso alguno de ellos hasta llegó a negar bajo juramente que ni le conocía en pelea de gallos.

Es la historia de la fe, que se prueba precisamente, no en los días de luz, sino en esos días de oscuridad donde no entendemos nada.
Recuerdo que con motivo del Sínodo de la Familia el año 1980, en un encuentro con los miembros del Movimiento Familiar Cristiano, que el P. Pedro Richard, Pasionista, su fundador, les dijo a las parejas casi lo mismo que Jesús a sus discípulos: “Ustedes los casados, dan la impresión de entenderse muy bien con Jesús hasta la Ultima Cena. Pero luego, se saltan a Jesús desde la Ultima Cena hasta el Domingo de Resurrección, como si la historia de la Pasión, el Jesús crucificado, no formase parte de la espiritualidad conyugal”.

No podemos hablar de verdadera fe en tanto no aceptemos la experiencia de la Cruz.
No podemos hablar de verdadera fe, en tanto no sigamos creyendo cuando todo se nos pone color de hormiga.
Es fácil seguirle cuando todo sale a nuestro gusto e interés.

El problema surge cuando todo nos sale al revés:
Entonces, comienzan nuestras crisis.
Entonces, comienzan nuestras dudas e incertidumbres.
Entonces, muchos también nos dispersamos.
Incluso le dejamos solo.
Y hasta abandonamos a la Iglesia.
Entonces, corremos también nosotros el peligro de negarle.
Entonces, corremos también nosotros el peligro de decir que no le conocemos.

Sin embargo, Jesús no quiere hacerles caer en el desaliento.
“Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí”.
Yo comprenderé vuestras dudas y vuestros miedos.
Yo comprenderé vuestras debilidades en medio de vuestras pruebas.

Clemente Sobrado cp.

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