Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: La Santísima Trinidad

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en el, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”. ( Jn 3, 16-18)

Santísima Trinidad

Hoy celebramos la festividad de Dios.
Celebramos la festividad de nuestro Padre Dios.
Celebramos la festividad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Si decimos “Trinidad” ya nos complicamos la vida.
Porque, aunque sea verdad, en nuestra razón no entra eso de que “tres son uno y que uno son tres”.
Me parece una visión matemática de Dios.
Yo prefiero llamarle “Dios” o simplemente, “Padre de nuestro”.

Lo que siento es pena de que hayamos vivido toda nuestra vida sin tomar conciencia de una serie de realidades esenciales. Pongo algunos ejemplos:
La mayoría de nosotros hemos nacido con la idea de Dios.
Dios nació en nosotros con nosotros.
Mientras tomábamos el pecho de mamá se nos iba descubriendo la imagen de Dios.
Mientras íbamos descubriendo la imagen de “papá”, se nos iba regalando la imagen de “Dios Padre”.
Casi hemos descubierto a Dios al mismo tiempo que a nuestros padres.
Hemos crecido con la imagen de Dios creciendo en nosotros.
Crecíamos nosotros y Dios crecía en nosotros.
Y lo primero que nos enseñaron y aprendimos fue el “Padre nuestro”.
Y nuestra primera conversación con Dios fue “llamarle Padre nuestro”.
¿Somos conscientes de que Dios es como parte de nuestra familia, aún sin verlo?
Me encanta ver cómo, cuando los padres traen a sus hijitos chiquitos a la Iglesia, y no aciertan a santiguarse, le toman la manito y lo marcan con la señal de “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Me gustó la historieta que leí: El discípulo pregunta al Maestro:
“Maestro, donde está Dios”.
“Dios, hijo, está en aquel que le abre el corazón”.

Lo que, a veces, no ha complicado la vida es cuando decimos “que estás en los cielos”.
Se nos ha ido metiendo la idea de un Dios lejano.
La idea de un Dios que hay que tomar el avión para llegar a él.
Cuando en realidad, Dios es lo más cercano que tenemos de nosotros.
Tan cercano como nosotros mismos.
Porque el cielo de Dios es nuestro corazón.

Claro que Dios siempre será “el otro”.
Pero a la vez, ese otro, se nos revela como “amor”.
Y el amor solo lo comprendemos con el corazón.
Por eso Juan nos dice hoy: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único”.
Y que el camino para encontrarnos con él es “creer en él para que tengamos vida eterna”.
No es un Dios policía.
No es un Dios juez.
“no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”.
Es linda la frase que el Papa Francisco dijo a los neo-sacerdotes: “no os canséis de ser comprensivos”, que es como decirles: “no os canséis de amar a vuestros fieles”.

Nuestra mayor grandeza está:
En ser familia de Dios.
En que Dios es familia nuestra.
En que estamos habitados por él.
En que somos la casa de Dios.

Por eso hoy, es la Fiesta de Dios.
Pero es nuestra fiesta.
Dios celebra hoy su fiesta en el salón de nuestro corazón.
¿Nos damos un bailecito con él?

Clemente Sobrado cp.

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