Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 10 a. Semana – Ciclo A

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

“Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran porque ellos serán consolados. Dichos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios… (Mt 5,1-12)

Ayer terminaba el tiempo pascual con la explosión del Espíritu Santo.
Hoy ya comienza el tiempo ordinario.
¡Y vaya si comienza bien! Nada menos que con las Bienaventuranzas.

No quiero juzgar a nadie.
Pero sí tengo derecho a juzgarme a mí.
Por eso me pregunto:
¿Qué importancia hemos les hemos dado en nuestras vidas?
¿Cuántos han tomado las bienaventuranzas como criterio e ideal de sus vidas?
Todos solemos confesarnos tomando como esquema los Diez Mandamientos.
Es decir, seguimos confesándonos por el Antiguo Testamento.
¿Alguien se confiesa por las bienaventuranzas?
En una ocasión daba Ejercicios Espirituales a Religiosos y se me ocurrió preguntar: “¿Alguno se confiesa en base a las bienaventuranzas?”
La respuesta fue un gran silencio. Y aquí el que calla consiente.
Para no sentirme raro, tuve que decir: perdonen, pero yo tampoco, todavía estoy con Moisés y no he llegado a Jesús.

Son los ocho criterios que Jesús propone como la gran novedad del Reino.
Son los ocho criterios que Jesús propone como caminos para lograr el ideal del Reino.
Son los ocho criterios que Jesús propone como caminos de felicidad.
Pueden parecer caminos extraños.
Y lo son.
Pero si somos sinceros preguntémonos:
¿Nos hacen felices las riquezas que esclavizan nuestros corazones?
¿No habrá felicidad en el desprendimiento del corazón, que en el corazón blindado por el ansia de tener y el miedo a la devaluación de la moneda o a la caída de la Bolsa de Valores?
No es la pobreza la que nos hace felices, porque entonces el mundo sería muy feliz.
Es la pobreza del corazón que vive libre y puede volar sin cargar con todo lo que tiene.

¿Alguien puede decir que la injusticia hace felices a los hombres?
¿No habrá más felicidad en luchar por la justicia, en tener hambre y sed de que en el mundo haya más justicia?
Incluso, ¿no serán más felices aquellos que son perseguidos y maltratados porque consagran sus vidas a anunciar y luchar por la justicia para todos?
¿Serán más felices quienes venden la justicia por unos billetes bajo los papeles?

El papa Francisco hizo una denuncia sobre la cultura del soborno y la corrupción que impera tanto a nivel público como privado. Y se atrevió a llamarle: “un dinero sucio” que se convierte en “pan sucio para los hijos”.
“Se comienza con un sobre y después es como la droga”, clamó ante el pequeño grupo de personas que asistían.
“Dios recomendó llevar el pan a la casa con nuestro trabajo honesto” y “no dar de comer a los hijos con pan sucio”.
“Hijos, quizás educados en colegios caros, quizás crecidos en ambientes cultos, que han recibido de su papá como alimento la suciedad, porque su padre, llevando pan sucio a casa ha perdido la dignidad. ¡Y esto es un pecado grave!”, dijo.

¿Y serán más felices los que llevan el corazón sucio que impide ver a Dios, que aquellos de corazón limpio que sí pueden verle?
¿Y será más felices esos intransigentes que se convierten en jueces de todo el mundo, que los “misericordiosos” que saben comprender las debilidades humanas y saben amar a pesar de todo?
¿Y serán más felices los que prefieren esconder o disimular su fe para evitar les insulten y persigan y calumnien por causa de Jesús y el Evangelio?

¿No será que la felicidad de las Bienaventuranzas es una felicidad al revés?
Al revés de la felicidad del mundo, ciertamente.
Desde niño sé que aprendiste los Diez Mandamientos.
Perdona, pero me atrevería a hacer un concurso sobre cuántos saben de memoria las ocho Bienaventuranzas. ¿No creen que debiéramos aprenderlas y tomarlas como luz que ilumine los caminos de nuestra vida?

Clemente Sobrado cp.

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