Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 12 a. Semana – Ciclo A

“Al entrar en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogando: “Señor, tengo en casa un criado que está en casa paralítico y sufre mucho”. Jesús le contestó: “Voy a curarlo”. Pero el centurión le replicó: “Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano”. (Mt 8,5-17)

Un relato lleno de detalles que pueden ilustrar nuestra fe.
Primero “un centurión romano”, por tanto un “pagano”.
Segundo, un no cristiano, pero con una gran sensibilidad para quienes sufren, incluso si no es más que un simple criado.
Tercero, un pagano que cree que es suficiente la “palabra de Jesús” para sanar a su criado.
Cuarto, un pagano que no se cree digno de que Jesús entre en su casa.

¿Qué nos está sugiriendo este texto?
Algo para mí bien importante. También los que no conocen la fe en Jesús tienen una gran nobleza de corazón.
Que también los que están fuera de la Iglesia hacen mucho bien a la humanidad.
Que también los que no son cristianos pueden tener una gran sensibilidad con los que sufren que no siempre encontramos en los que creemos.
Que también los no cristianos pueden tener una gran sensibilidad ante el sufrimiento de sus inferiores, sus criados.
Que no siempre es preciso la presencia física de Jesús.
Que bastaría tener suficiente fe en su palabra.
Y recordar lo que cada vez que vamos a misa solemos decir, no siempre descubriendo su verdadero sentido y valor: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa”.

Como veis:
También fuera de la Iglesia hay muchas cosas buenas que nosotros tendríamos que reconocer.
También los que no creen viven, posiblemente sin pensar en el Evangelio, muchas de las exigencias del Evangelio.
También los que no creen o son paganos pueden enseñarnos mucho a los creyentes, sobre todo, su sensibilidad para con los que sufren y que tendríamos que aprender de ellos.
Es un gesto maravilloso ver cómo un “centurión romano” es capaz de sentirse tan comprometido con alguien que es inferior a él, un simple criado.
Lo cual, pudiera ser una llamada de atención, al cuidado que nosotros, creyentes, tenemos con toda esa gente que llamamos “empleados domésticos” o simplemente “empleados nuestros”, “gente de servicio”.

Esto nos lleva a descubrir que:
También fuera de la Iglesia hay mucha bondad.
También fuera de la Iglesia puede haber mucha santidad.
También fuera de la Iglesia puede haber mucha fe.

Lo cual, de alguna manera debiera cuestionarnos y hacernos pensar y reflexionar.
El centurión no era religioso, era un pagano romano.
El centurión no iba a Misa ni comulgaba.
El centurión no era un creyente, seguidor de Jesús.
Pero revela y manifiesta una gran fe en El.
Incluso revela y manifiesta la humildad de no creerse digno de que Jesús entre a su casa.
Y lo más importante, un no creyente que, sin embargo, cree en la eficacia la palabra de Jesús. “Basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano”.

Todos tenemos mucho que aprender de los demás.
La verdad del Evangelio nos llega por muchos caminos.
También los de fuera tienen mucho que decirnos y nosotros mucho que aprender de ellos.
Abrámonos a la verdad, venga por los caminos que venga.
Aunque llegue a nosotros a través de un “centurión romano”.
Dios se revela en todos y habla a través de todos.

Clemente Sobrado cp.

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